5 conductas que hacen la vida más difícil

En ocasiones, nuestras propias limitaciones a la hora de gestionarnos se convierten en piedras en el camino para nuestros proyectos. Te damos algunas claves para reconocerlas y actuar de otra manera.

La vida tiene sus altos y bajos. Gran parte del arte de vivir consiste en aprender a gestionar estas variaciones: los buenos momentos sirven para recargarse y avanzar; los no tan buenos para aprender, crecer y rectificar. Sin embargo, hay conductas que hacen la vida más difícil, sin necesidad. Por el contrario, otras facilitan hasta los momentos más duros.

Las conductas que hacen la vida más difícil suelen pasar inadvertidas. En principio, se ven inofensivas o neutrales, pero no es así. Estos comportamientos ponen amargura a buenos y malos tiempos.

De ahí que sea importante aprender a identificar esas conductas que hacen la vida más difícil. Muchas veces estos comportamientos solo constituyen hábitos de pensamiento y conducta que no se han analizado lo suficiente. A continuación, describimos cinco de ellos.

La mayor rémora de la vida es la espera del mañana y la pérdida del día de hoy”.

-Séneca-



1. Las expectativas irreales

Somos aficionados a los deseos imposibles, en mayor o menor medida. La vida no da con frecuencia baños de realidad, pese o porque en ocasiones hacemos verdaderos esfuerzos por ignorar lo que es evidente. Una acción mental motivada porque la vida sin decorado puede dibujarse como un paisaje muy árido. Otras veces porque nos resistimos a que sea imposible que se cumpla aquello que deseamos.

Las expectativas irreales son esperanzas sin ancla. Con frecuencia, están asociadas a ideas mágicas: sucederá, llegará, se logrará, etc., por razones desconocidas. Soñar, ambicionar y querer llegar lejos es muy positivo. Lo negativo es no convertir todo esto en una hoja de ruta realizable. El resultado puede ser una enorme frustración.

2. El deseo de aprobación

El deseo de aprobación es una de las conductas que hacen la vida más difícil. Este comportamiento ocurre cuando existe ese deseo de complacer a todos. Lo que queda relegado al fondo de la lista de prioridades son los deseos y las necesidades propias.

Detrás de este tipo de conducta suele haber una profunda inseguridad y la necesidad de aportar para ganar afecto. Ni lo uno ni lo otro se soluciona convirtiéndose en algo que no es uno mismo. Por el contrario, es muy común que esa disposición a agradar obtenga como respuesta un rechazo. La salida está en aprender a quererse y a reafirmarse.

3. La falta de autocuidado

El autocuidado es una señal de amor propio y de responsabilidad con uno mismo. Proteger la salud física y mental, así como el bienestar en general, hace la vida más fácil. Esto permite entrar en sintonía con uno mismo, conocerse, escucharse y cultivarse.

Por el contrario, dedicar tiempo a todo menos a uno mismo lleva a la sordera frente a las señales que emite el cuerpo y la mente. También diluye los rasgos más genuinos de nuestra personalidad y hace la vida menos interesante.

La falta de autocuidado incide en el deterioro general de nuestras circunstancias vitales.

4. El miedo, una de las conductas que hacen la vida más difícil

El miedo es una de las fuerzas más poderosas que habitan en las personas. Experimentarlo causa un gran displacer, pero afrontarlo produce cambios importantes en la vida. Por temor se pueden realizar grandes hazañas, pero a la vez se puede llegar a fuertes bloqueos en la acción.

El miedo razonable no tiene discusión, porque es una fuerza que protege. El miedo originado en la incertidumbre debe llamar a la cautela, pero no a la inacción. En cambio, el temor que nace de imaginarios sin fundamento es un sentimiento que debe ser confrontado y vencido. De lo contrario, la vida se vuelve más difícil.

5. La falta de serenidad

La templanza es una virtud que cobra valor en los momentos más delicados. Si bien hay personas que tienen un temperamento más tranquilo, es cierto que a mantener la calma también se aprende.

El punto de partida para este grado de autocontrol es el conocimiento de uno mismo. Una buena actividad en este sentido es confeccionar una lista con situaciones desagradables con las que nos podríamos encontrar y decidir una respuesta antes de que se produzcan.

Son muchas las situaciones en las que las pasiones o los impulsos nos conducen a juicios erróneos y acciones desadaptadas. Así mismo, muchas veces sufrimos de manera innecesaria al no ser capaces de calmar esas tormentas interiores que todos experimentamos alguna vez. Contando con unas buenas herramientas de autogestión emocional, todo se vuelve más sencillo.

Con frecuencia, y sin que nos percatemos de ello, las conductas que hacen la vida más difícil se enquistan. Liberarnos de esas limitantes hace que el camino parezca más despejado y la marcha menos ardua.

Sergio De Dios González