A veces, pensar de forma diferente es vivir mejor

Entrenar la mente hacia un enfoque mucho más flexible, elástico y creativo, nos permitirá responder mejor a los cambios y desafíos cotidianos. Lograrlo, eso sí, requiere de un firme compromiso con nosotros mismos. Veamos cuáles son las claves.

A veces nos atrincheramos en nuestros férreos enfoques mentales como obstinados e inflexibles soldados. Así, y casi sin darnos cuenta, dejamos de encontrar soluciones a nuestros problemas, remedios a las decepciones y perspectivas ante los desafíos cotidianos. Pensar de manera diferente no es fácil, es cierto, pero en ocasiones, puede suponer la diferencia entre el bienestar y el sufrimiento.

Ahora bien ¿qué nos impide realmente pensar de manera más ágil, original e incluso saludable? Una de las figuras más destacadas en el campo de la psicología que investigó este tema fue Abraham Luchins.

En 1942, publicó un experimento titulado “Water Jug Problem” con el que demostró que nuestros principales problemas son la rigidez mentallos prejuicios e incluso el miedo.

Tememos innovar. No solo solemos ser algo inseguros a la hora de cambiar comportamientos e introducir novedades en nuestra rutina. Una de nuestras cuentas pendientes es replantear enfoques, desactivar viejos esquemas de pensamientos heredados o más aún detectar esos mecanismo de defensa que aplicamos en el día a día y de los que no solemos ser conscientes.

Según señalaba Luchins, la estrategia para mejorar estas realidades estaría ni más ni menos que en hacer uso de un pensamiento más flexible para poder adaptarnos a un entorno en constante cambio y cada vez más demandante. Profundicemos en este tema.



Pensar de forma diferente para vivir mejor ¿cómo hacerlo?

Todos tenemos la capacidad de percibir las mismas cosas: el sonido de una tormenta que se acerca, el olor de la tierra mojada, la lluvia golpeando los cristales

Ahora bien, a pesar de que percibamos los mismos estímulos cada persona los interpreta de un modo: según su experiencia, personalidad, educación, ambiente, estado de ánimo, preferencias, aversiones, etc.

Así, mientras a algunos les incomoda la cercanía de una tormenta, otros en cambio las disfrutan. En esto no hay mayor problema, cada uno tenemos unas particularidades que nos permiten filtrar y entender la realidad de una manera u otra.

La cuestión central se encuentra en que, en ocasiones, esa manera particular de procesar lo que nos envuelve y lo que sucede pasa por el tapiz de la negatividadla indefensión y esa rigidez mental donde ver solo oscuridad en el túnel.

¿Cómo podemos empezar a pensar de manera diferente para sentirnos mejor? ¿Cómo hacerlo, si nuestros pensamientos surgen de manera automática y mediada en muchos casos por nuestras emociones? Veamos algunas claves.

La mente elástica

El doctor Abraham Luchins ya anticipaba en los años 40 la necesidad de desarrollar otro tipo de enfoque mental. Uno que nos permitiera sobrevivir y reaccionar a un entorno cambiante y lleno de estímulos.

Leonard Mlodinow, reconocido físico y matemático, introdujo hace unos años un concepto de gran interés para el campo de la psicología: hablamos de la “mente elástica”.

Mlodinow colaboró con Stephen Hawking en varios de sus libros y a día de hoy, es uno de los divulgadores científicos más interesantes. Su contribución con la llamada mente elástica supone una invitación directa a pensar de manera diferente y no solo para vivir mejor. También para contribuir a nuestra felicidad e incluso al progreso de la sociedad.

Esta idea se basa en los siguientes pilares:

  • Debemos dejar de dar las cosas por sentado. Las ideas cómodas nos adormecen. Es momento de aplicar una mirada crítica, aguda y capaz de no quedarse con respuestas fáciles.
  • Es momento también de empezar a hacer algo que nos cuesta mucho: tolerar la ambigüedad, la incertidumbre e incluso la contradicción.
  • Es necesario que nos elevemos más allá de las mentalidades más convencionales.
  • Hay que confiar tanto en la lógica como en el pensamiento lateral, ese que se atreve a innovar.

El pensamiento elástico no teme lo nuevo y acepta la incertidumbre. Sabe y entiende que los cambios son constantes y que no solo hay que adaptarse a ellos, hay que sacarles ventaja.

Pensar diferente nos obliga a detectar los pensamientos inútiles para «ver» mejor

Pensar diferente para vivir mejor. Pensar de manera flexible para responder de manera eficaz a los retos que aparezcan en el día a día.

A todos nos encantaría aplicar este tipo de enfoque tan saludable como es la mente elástica con el fin de responder de manera más innovadora al futuro que tenemos por delante. Sin embargo, eso sí, hay otro aspecto que deberíamos tener en cuenta.

En nuestra mente se hallan integrados un sinfín de pensamientos poco útiles e incluso dañinos. Nos referimos a esos que alimentan el diálogo interno negativo. Los mismos que nos dicen cosas como “soy inútil, esto no lo voy a superar”, “las cosas cada vez van a ir peor y no hay nada que hacer”, “lo que debería hacer es no arriesgar, quedarme en mi zona de confort, etc”.

Si higienizamos ese discurrir de pensamientos limitantes que se instalan en nuestro palacio mental, el diálogo interno será mucho más saludable, más enriquecedor incluso. Solo entonces, nos permitiremos pensar diferente al dejar espacio a esa mente elástica capaz de ver en los cambios, valiosas oportunidades.

También la mente y el cerebro deben mantenerse en vanguardia, actualizarse ante los nuevos tiempos. Algo así exige un trabajo constante y un firme compromiso en nosotros mismos. Empezemos.

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *