Amar nos vuelve más inteligentes, según la neurociencia

Algunos investigadores han llegado a la conclusión de que amar nos vuelve más inteligentes. Esto se debe a que existe toda una “red neuronal del amor” y una bioquímica particular que activa e incrementa todo un conjunto de funciones cognitivas.

Lo que se dice usualmente es que cuando una persona está enamorada, de uno u otro modo, pierde la razón. Pues bien, la neurociencia ha comprobado que en realidad sucede todo lo contrario: amar nos vuelve más inteligentes. Claro que esa inteligencia no se aplica exactamente al ser amado, frente al cual sí suele haber una dosis de ceguera, pero sí a otros muchos aspectos.

Hay varias cosas que cambian en el cerebro y en la fisiología de una persona que está enamorada. En principio, esta experiencia es muy especial, precisamente por eso.

Cualquiera que ame, particularmente en la primera etapa de la relación, se siente más despierto, más conectado emocionalmente con el mundo; también es más empático y compasivo.

En realidad, el amor nos hace mejores seres humanos. Sin embargo, la neurociencia descubrió que amar nos vuelve más inteligentes también. ¿Por qué? La química del amor reside principalmente en el cerebro y esa transformación que llega con el enamoramiento también alcanza áreas que realizan funciones cognitivas.

Conocer el amor de los que amamos es el fuego que alimenta la vida”.

-Pablo Neruda-



Amar nos vuelve más inteligentes

Para llegar a la conclusión de que amar nos vuelve más inteligentes, un grupo de investigadores de la Universidad de Chicago escanearon el cerebro de personas enamoradas. Esta observación, y algunas pruebas, demostraron que los que aman también piensan más rápido, perciben más claramente las conductas y las ideas de los demás, y también son más creativos.

Para llegar a esas conclusiones, los investigadores usaron unos electrodos. Una vez colocados en las cabezas de los sujetos que formaban parte de la investigación, les mostraron una serie de fotografías entre las que estaba una de su pareja. Así mismo, les dijeron diferentes nombres, incluyendo también al de su pareja.

Fue así como descubrieron que al ver a la persona amada o al escuchar su nombre se activaban 12 zonas cerebrales. Una de las áreas que tenía una actividad particularmente intensa era el giro angular, una de las regiones que tradicionalmente se asocia con el pensamiento abstracto y la creatividad. Una actividad que no cesaba cuando los participantes veían fotos de otras personas o escuchaban otros nombres.

“Perder la cabeza”

Los resultados apuntaban hacia una dirección: no se pierde la cabeza por alguien; o más bien, sí se pierde, pero a la vez se gana mucho. En definitiva, amar nos vuelve más inteligentes.

Los investigadores compararon el “giro angular con un pequeño robot que activa una red neuronal compleja, ya que esta zona está muy conectada con otras áreas del cerebro.

El giro angular tiene que ver con funciones como procesar números e idiomas, así como datos autobiográficos de alta complejidad. Esto quiere decir que también con el amor surge una capacidad especial para comprender mejor nuestra conducta, en niveles más profundos que en situaciones normales.

Tanto la agudización del pensamiento, como la activación de la percepción, hacen que las personas enamoradas sean más capaces de comprender la conducta de los demás, en un plano más profundo.

Se perciben más las características de los otros y se reconocen mejor sus sentimientos. De ahí que los investigadores hayan concluido que amar nos vuelve también mejores personas.

Más allá del enamoramiento

Aunque es claro que todas esas activaciones y reacciones cerebrales son más intensas durante la etapa del enamoramiento, lo cierto es que otro estudio comprobó que los mismos efectos podían observarse incluso mucho tiempo después, siempre que estuviera presente el amor, aunque ya no fuera tan efervescente como al principio.

Una investigación de la Universidad de California así lo corroboró. En esta ocasión se estudió a un grupo de parejas que habían estado unidas durante un lapso promedio de 21,4 años. Lo común en todas ellas era el hecho de que afirmaban sentirse aún enamorados de sus respectivas parejas. Los investigadores encontraron que sus cerebros reaccionaban de manera similar a los de las parejas en enamoramiento.

En particular, se comprobó que sus cerebros producían una mayor cantidad de dopamina, un neurotransmisor que tiene importantes efectos sobre el estado de ánimo, pero que además también influye en la actividad cognitiva. Básicamente contribuye a regular y modular los flujos de información. Un déficit de dopamina genera dificultades de memoria, atención y resolución de problemas.

Con base en todas estas evidencias, se puede afirmar que efectivamente amar nos vuelve más inteligentes. Dicha inteligencia no solo se aplica a asuntos estrictamente cognitivos, sino que también abarca el amplio mundo de la inteligencia emocional. Esta es una razón más para amar, sin miedo y sin medida.

Edith Sánchez

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