Bailando con el divorcio: la escandalosa separación de Kevin Costner

En un soleado día de enero, Kevin Costner, de pie sobre el extenso césped verde de su propiedad frente a la playa de California, con gafas de sol y un jersey con cremallera, anunció que no podría asistir a los Globos de Oro.

«Nadie lo siente más que nosotros», comentó Costner mientras las olas rompían a su espalda. El actor explicó en Instagram que en la zona se habían producido inundaciones históricas y las carreteras estaban cerradas: «ayer tuvimos que sacar a los niños del colegio en Santa Bárbara», publicó. Él y Christine Baumgartner, su mujer desde hace 18 años, sentían profundamente perderse la ceremonia. «Chris tenía un vestido precioso. Siempre me hace ilusión caminar por la alfombra roja con ella», añadió Costner.

Horas después, ganó el premio al mejor actor en una serie dramática por Yellowstone. Regina Hall, la presentadora de los Globos de Oro, no pudo evitar soltar una broma en el escenario mientras recogía el premio en su nombre.

«Ahora mismo tiene una situación complicada. Está atrapado en Santa Bárbara. Recemos todos», dijo riendo.

Hasta ese momento, parecía que Costner lo tenía todo: una esposa cariñosa, una hermosa casa y una carrera de éxito.

Cuatro meses después, había perdido dos de esas tres cosas.

Sucedió muy rápido. En mayo, Baumgartner, de 49 años, solicitó el divorcio alegando «diferencias irreconciliables». Días después, Paramount anunció que Yellowstone terminaría tras su quinta temporada.

Puede que Costner sintiera un déjà vu. Sus desgracias personales y profesionales ya se dieron a la vez en 1994, cuando su primera esposa, Cindy Silva, se divorció de él y se fue con un acuerdo estimado en 80 millones de dólares (casi 73 millones de euros). Menos de un año después, la carrera de Costner se hundió debido al desastre de crítica y taquilla que fue Waterworld, una película que Costner no solo protagonizó y produjo, sino en la que invirtió personalmente 22 millones de dólares (20 millones de euros).

En septiembre, cuando salía de un tribunal de Santa Bárbara después de que un juez fallara a su favor en su batalla por la custodia con Baumgartner, Costner, de 68 años, reflexionó sobre su última saga personal.

«Cuando has compartido tu vida con alguien durante tantos años, no hay ganador. En un momento sientes que estás en la cima del mundo, y luego te das cuenta de lo vulnerable que eres», dijo a los periodistas.

En 1993, Costner, treintañero y casado con Silva, conoció a Baumgartner, que entonces tenía unos 19 o 20 años, en un campo de golf de Santa Ynez (California). Seis años más tarde, iniciaron una relación tras encontrarse de nuevo en la inauguración de un restaurante de moda.

Por aquel entonces, Costner ya estaba soltero. En el 2000, compró un terreno de 65 hectáreas cerca de Aspen (Colorado) y pasó los años siguientes convirtiéndolo en su propia versión de lujo del rancho Dutton, de la serie Yellowstone. Tras darle los últimos retoques, incluido un campo de béisbol inspirado en Campo de sueños, Costner y Baumgartner se casaron allí en 2004.

La pareja decidió que el mejor lugar para formar una familia era la tranquila ciudad costera de Carpinteria, California, donde Costner poseía una impresionante propiedad frente al mar. Baumgartner se convirtió en ama de casa. La vivienda familiar, contaba con dos casas de invitados, una enorme piscina, una pista de voleibol y un «garaje de surf».

La casa fue el primer punto de discordia de su divorcio. Al igual que su personaje de Yellowstone, John Dutton, a Costner le preocupaba sobre todo defender el derecho a su propiedad. Dado que en su primer divorcio la casa fue para su exmujer, con Baumgartner añadió una cláusula al acuerdo prenupcial según la cual ella tendría que mudarse si se separaban legalmente.

Pero Baumgartner no se fue. Se atrincheró.

El equipo legal de Costner, dirigido por la feroz y carísima abogada Laura Wasser, intentó que Baumgartner cediera. Le ofrecieron 200.000 dólares (180.000 euros), además de los 1,45 millones del pago prenupcial, para que los gastara en la entrada de una nueva casa.

Los abogados de Baumgartner se opusieron, argumentando que la mudanza no era factible debido a la sobresaturación del mercado de alquileres y a que Costner no le había ofrecido suficiente pensión alimenticia (ella pidió inicialmente 248.000 dólares al mes para mantener el estilo de vida al que estaban acostumbrados sus hijos).

El bando de Costner llevó el caso ante un juez y a Baumgartner le dieron menos de un mes para marcharse.

Lo que siguió fue una disputa mezquina y despiadada por los objetos de la casa. El equipo legal de Baumgartner compartió una lista de objetos que quería reclamar: su bicicleta Peloton, la cómoda antigua de su madre, cubiertos, ollas, sartenes y un cuadro al óleo de caballos.

Costner, que según documentos judiciales ganó 19,5 millones de dólares (17,7 millones de euros) el año pasado, expresó su preocupación a través de sus abogados de que Baumgartner estuviera planeando vaciar literalmente la casa.

«Reclama la ‘electrónica personal de Christine’, pero no especifica lo que eso significa. ¿Es un televisor un aparato electrónico ‘personal’? ¿Se refiere a los ordenadores de la casa? ¿A cuáles?», escribieron los abogados de Costner en una presentación.

Baumgartner y sus abogados contraatacaron. En declaraciones escritas, Baumgartner reveló detalles desagradables sobre su marido. Alegó que Costner comunicó sin contemplaciones la noticia del divorcio a sus hijos adolescentes «a través de una llamada de Zoom de 10 minutos» desde una habitación de hotel en Las Vegas, en lugar de hacerlo juntos en persona como habían planeado. Costner redujo el límite de su tarjeta de crédito a 15.000 dólares (13.600 euros) sin que ella lo supiera.

También acusó a Costner de infidelidad, pidiendo documentación a través de sus abogados de los gastos «relacionados con cualquier relación romántica extramatrimonial». Costner, a través de sus abogados, replicó que seguía siendo fiel pero que «no sabía a ciencia cierta» si podía decirse lo mismo de ella. En una vista de divorcio celebrada a finales de agosto, Baumgartner negó que un hombre con el que había sido fotografiada de vacaciones un mes antes fuera su novio.

Cuando ambos no llegaron a un acuerdo sobre la cuantía adecuada de la pensión alimenticia para sus tres hijos adolescentes (los abogados de Costner calificaron la petición inicial de Baumgartner de «poco realista y francamente escandalosa» y ofrecieron pagar como máximo 75.000 dólares al mes), el actor declaró en una demanda que ella había gastado 188.500 dólares (170.0000 euros) al mes en cirugía plástica y había intentado ocultarlo entre los gastos relacionados con el cuidado de sus hijos.

Cuando en septiembre se dictó sentencia sobre la pensión alimenticia, Baumgartner descubrió que su negativa a aceptar la oferta más alta de Costner había sido imprudente: el juez redujo la cuantía a 63.209 dólares (57.407 euros).

Para el público familiarizado con el papel de Costner como Dutton, el poderoso ranchero convertido en gobernador, en Yellowstone, la dura negociación de Costner con su exmujer puede parecer una escena de uno de los guiones de Taylor Sheridan.

Pero, finalmente, esta apasionante saga de divorcios se cerró discretamente. Costner y Baumgartner llegaron a un acuerdo por una suma no revelada en septiembre, ahorrándose el espectáculo de un juicio de divorcio publicitado y seguir siendo caricaturizados como el marido tacaño y la mujer cazafortunas.

Aunque su segundo matrimonio y su premiada serie de televisión han llegado a su fin, Costner ya está preparando la siguiente etapa de su carrera. En mayo comenzó la producción de Horizon: An American Saga, una película del Oeste en dos partes que escribe, dirige, produce y protagoniza. Una vez más, ha apostado el rancho hipotecando su propiedad de Santa Bárbara e invirtiendo 20 millones de dólares (18 millones de euros) de su propio dinero para hacer realidad sus sueños de vaquero.

Lo más probable es que vuelva a cabalgar hacia la puesta de sol.

Cristina Gálvez

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