¿Cómo dejar de llorar?

Siempre será más importante liberar las emociones en lugar de detener o reprimir el llanto. Sin embargo, en ocasiones, necesitamos dejar de llorar para controlar esa situación y pensar en lo que nos está sucediendo. Te explicamos a continuación cómo lograrlo.

El llanto emocional es un comportamiento instintivo que favorece la liberación del estrés y la gestión de estados como la tristeza, el duelo, la rabia, la angustia, una ruptura afectiva, etc. Pocas conductas son más catárticas, pero mal vistas socialmente a la vez.

Al que llora se le considera débil e inestable emocionalmente. Quizá, por ello, nos vemos a menudo en la necesidad de detener, de parar esa reacción fisiológica. También puede darse el hecho de que alguien por su personalidad sea más tendente a llorar por casi cualquier cosa, incluidos aspectos nimios y sin importancia. Por tanto, es lícito que en algún momento nos veamos en la tesitura de querer detener el llanto y no saber cómo.

Como bien decía el escritor C. S. Lewis, el llanto está bien a su manera mientras dure. Sin embargo, siempre llega un momento en el que debemos parar para decidir qué hacer con lo que nos sucede. Saber qué hay detrás de esta reacción psicofisiológica es esencial.



¿Por qué a veces no podemos dejar de llorar?

En ocasiones, tenemos épocas en las que lloramos por todo y por nada. Esa reacción emocional tiene un origen, un desencadenante que es mejor clarificar y entender. No podemos optar por reprimir ese mecanismo, por focalizarnos en dejar de llorar como quien coloca una tirita sin curar antes la herida.

Esta respuesta fisiológica puede tener múltiples orígenes, estados y hasta trastornos psicológicos que conviene clarificar.

Razones existentes detrás del llanto

Por término medio, las causas que orquestan estas situaciones pueden ser las siguientes:

  • La ansiedad mantenida en el tiempo, esa que deriva poco a poco en la indefensión, en la percepción de que no podemos hacer nada ante lo que nos sucede.
  • Alteraciones hormonales. Condiciones como las asociadas a las alteraciones de la tiroides pueden explicar esos cambios en el estado de ánimo.
  • El agotamiento físico y mental.
  • Los duelos (pérdidas de personas queridas, rupturas afectivas, etc.).
  • Los trastornos del estado de ánimo y de la personalidad.
  • El estrés.
  • Los rasgos de personalidad, como ser excesivamente empáticos.

“Cuando quiero llorar, no lloro… y a veces lloro sin querer”.

-Rubén Darío-

3 técnicas básicas para dejar de llorar

Agua, proteínas, glucosa, sal… Se dice que las lágrimas tienen casi tantos componentes como el plasma sanguíneo. Es casi como la “sangre” invisible de nuestras emociones y ese material que nos hace humanos, aunque existan animales que también tienen la capacidad expresar una forma de llanto, según los expertos.

Así, y aunque sepamos que las lágrimas pueden ser incómodas en muchas ocasiones, dejar que fluyan no duele, libera. Sin embargo, en ocasiones necesitamos detener esta conducta y por ello nos preguntamos cómo dejar de llorar. Cabe señalar que hay poca literatura científica sobre cómo lograrlo de manera efectiva.

Aunque, trabajos como los realizados desde la Universidad de Oxford y la Universidad de Konstanz profundizan en este tema. Destacaron que existen dos tipos de técnicas: las centradas en la emoción subyacente y aquellas focalizadas en el acto de llorar como tal. En nuestro caso, profundizaremos en estas dos herramientas y en algunas más. Las analizamos.

Técnicas cognitivas: pensamientos que gestionan emociones

Para quien se pregunte cómo dejar de llorar es adecuado empezar primero por los recursos cognitivos. Es decir, poner el foco en nuestros pensamientos y recurrir a estrategias mentales. Para ello, nos será de utilidad plantearnos las siguientes cuestiones:

  • ¿Por qué quiero dejar de llorar? A veces, el estigma social circundante provoca que optemos por querer reprimir el llanto, es cierto. Si es nuestro caso, si queremos sofocar el llanto para no llamar la atención es recomendable que nos digamos lo siguiente –> “Me contengo de llorar ahora ante los demás, pero cuando llegue a casa me desahogaré en libertad e intimidad (elijo aplazar el llanto)”.
  • ¿Tengo motivos reales y razonables para llorar? A veces, es bueno profundizar en esas razones por las que lloramos para cuestionarnos y pasarlas por el filtro de la realidad.
  • ¿Puedo reevaluar lo que siento? Es cierto, en ocasiones, la intensidad emocional es tan elevada que cuesta un poco pensar con claridad. Sin embargo, nos puede ser de ayuda reevaluar pensamientos, darles otro enfoque más ajustado –> “Es cierto que este tema me preocupa, pero si me calmo podré pensar con claridad y tomar mejores decisiones”.

Técnicas conductuales: acciones que desvían la emoción

Para quien se pregunte cómo dejar de llorar, le serán de gran ayuda las estrategias conductuales que están orientadas a desviar la emoción; ya que siempre es adecuado conectar con lo que sentimos para gestionar de raíz esa situación.

Veamos esos recursos más sencillos que pueden ser de gran ayuda:

  • Un recurso conductual sencillo y efectivo que según Vingerhoets et al. es efectivo para dejar de llorar es cambiar la situación en la que estamos. Si nos encontramos en el trabajo, salgamos al pasillo a tomar un café. Si estamos en una biblioteca, salgamos a tomar el aire.
  • La distracción es otra respuesta adecuada: coger el móvil para escuchar música, usar muñecos antiestrés, llamar a alguien o hacer deporte puede ayudarnos.
  • La respiración profunda o diafragmática es muy adecuada en las situaciones de elevada intensidad emocional.
  • Salir a caminar.
  • Beber agua puede facilitar también reducir ese nudo en la garganta que aparece durante el llanto.
  • Coger papel y lápiz para escribir o simplemente dejar la mente en blanco y dejar que la mano garabatee o dibuje puede ser útil.

Técnicas emocionales para conectar con la raíz del problema

Las técnicas anteriores para dejar de llorar nos pueden servir de parche en un momento puntual. Sin embargo, harán más fácil la resolución del problema de raíz o su desencadenante. Necesitamos recurrir a estrategias psicoemocionales para comprender el porqué de esa reacción, gestionar la emoción que la provoca y aplicar cambios para mejorar nuestro bienestar.

Es bueno entender que las lágrimas no son nuestras enemigas, no por permitirlas somos débiles o falibles. En realidad, son las aliadas de la catarsis emocional. Sin embargo, cuando estas cesan, llega la auténtica labor: resolver lo que duele. Por ello, es recomendable recurrir a alguna estrategia emocional como las siguientes:

  • Valida lo que sientes: las sensaciones y emociones que experimentas son aceptables, no las reprimas. Dales espacio y acéptalas.
  • Ahora visualiza esas emociones desde la distancia, como si estuvieras viendo la pantalla de un cine. ¿Qué hay detrás de ellas? ¿Por qué están ahí? ¿Qué quieren decirme? No te juzgues en ningún momento.
  • Racionaliza. ¿Qué puedes hacer para sentirte mejor? ¿Qué cambio puedes hacer a corto y largo plazo para mejorar esa situación?

Para concluir, bien es cierto que cuando nos ahogamos en un mar de lágrimas queremos detener cuanto antes esa situación. Sin embargo, solo cuando nos permitimos navegar entre nuestras emociones aprendemos a coger el timón, recuperando el control.

Valeria Sabater.

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