Cómo sobrevivir a la desaprobación de nuestros padres

La invalidación constante de nuestros padres puede seguir influyéndonos en el presente, en nuestra manera de construir relatos, de revisar el pasado o de mirar hacia el futuro.

Sobrevivir a la desaprobación de nuestros padres puede ser un reto que ocupe buena parte de nuestra vida. No importa que vistamos piel de adulto y que nuestras responsabilidades se sitúen lejos del hogar donde nos criaron. La sombra de esos progenitores, habituados a criticar, sancionar o infravalorar cada cosa que hacemos, puede perseguirnos durante mucho tiempo.

Quienes han sufrido este tipo de dinámicas guardan en su memoria alguna escena en concreto. Esa en la que la madre critica la forma de vestir de la hija o aquella en la que un padre desaprueba el tipo de amigos que trae a casa.

Las críticas tempranas se convierten a menudo en semillas que distorsionan la imagen de uno mismo. En caso de no manejar adecuadamente esos comentarios, el autoconcepto puede quedar muy tocado.

Una desaprobación es una invalidación, y pocas cosas pueden ser más lesivas para nuestro desarrollo personal. Asimismo, y casi sin darnos cuenta, podemos acabar heredando esas narrativas que nuestros progenitores incrustaron en nosotros.



Esto se traduce por ejemplo en terminar diciéndonos cosas como “¿para qué te vas a poner esa ropa? ¡Es demasiado llamativa para ti!” o “mejor no te fijes en esa persona porque no le vas a gustar”. Muchas veces, el sustrato de la baja autoestima parte del modo en que nos hablaban nuestros progenitores.

En ocasiones, el diálogo basado en la desaprobación suele pasar de padres a hijos. Hablamos a nuestros niños del mismo modo que se dirigían a nosotros y, lo que es peor, de la forma en que nos hablamos a nosotros mismos.

Claves para sobrevivir a la desaprobación de nuestros padres

La calidez, la empatía y, sobre todo, saber validar a los hijos revierten de manera directa en su bienestar. Así lo evidencia un estudio de la Universidad Estatal de Arizona (Estados Unidos) en el que se afirma que la aprobación y la expresividad positiva materna optimizan la destreza social de los niños.

Sin embargo, el aguijón de la desaprobación es una dinámica frecuente en el seno de la crianza y la educación. Son actitudes con las que invalidar aquello que hace, dice o siente el niño. Se pone en duda y se critican aspectos que le son propios, incluidas sus necesidades. De este modo, es común que surjan dos consecuencias a raíz de ello.

Por un lado, el niño o el adolescente sentirá la necesidad de buscar la aprobación de los progenitores como único modo de validación y fuente de bienestar. Por otro, es habitual que se acaben desconectando de ellos mismos, que se pongan en duda y que busquen siempre fuentes de validación externas para sentirse bien. Todo ello deriva muchas veces en trastornos de ansiedad e incluso en depresión.

Asimismo, tengámoslo presente. Es muy común llegar a la edad adulta sufriendo aún la desaprobación de nuestros padres¿Qué podemos hacer? ¿Cómo actuar ante este tipo de circunstancias?

Ensaya una conversación, es momento de poner límites

La adolescencia y la primera etapa de la juventud son esos momentos en los que uno toma decisiones que no siempre agradan a los padres. Hacerlo no solo es adecuado, es ley de vida. Esto implica poner límites, alzar banderas rojas sobre lo que permitiremos y lo que no.

Dicho acto no es un desafío. Es un mecanismo para que la relación sea más fluida al informar sobre qué es lo que queremos realmente. Si no hicimos esto en su momento, habrá que hacerlo en la edad adulta. Esto implica tener que ensayar previamente esa conversación que deberemos tener con nuestros padres. Este paso nos permitirá ganar en madurez e independencia.

Un ejemplo: “agradezco vuestro apoyo y consejos. Sin embargo, no puedo aceptar que sancionéis mis decisiones. No podéis intervenir en mi vida ni devaluar lo que hago, lo que soy o dejo de hacer. Esas conductas me hacen daño. Así que os pido por favor que no lo hagáis”.

Aprender a decepcionar para superar la desaprobación de nuestros padres

Hay un paso imprescindible para vencer la desaprobación de nuestros padres: decepcionarlos. A veces, dejar de ajustarnos a las expectativas ajenas es el mejor modo de quedar libres, de lograr ser nosotros mismos.

En ocasiones, nos pasamos media vida intentando satisfacerlos. Sin embargo, llega un momento en el que es necesario dejar que sean los jueces de nuestra vida. En muchos casos, decepcionarles implicará asumir la responsabilidad de trazar nuestro propio camino.

Focalizarte en tus propios intereses para dejar a un lado condicionamientos tóxicos

Sufrir la desaprobación de nuestros padres pudo ser nuestro miedo más incapacitante. Hemos pasado muchos años atrapados por esos condicionamientos tóxicos que nos han aturdido, frenado y atenazado. Por tanto, tal vez sea momento de buscar otras referencias que no sean nuestros progenitores.

Centrarse en los propios deseos es un modo de liberarnos de esas capas que, durante mucho tiempo, han impedido que pudiéramos crecer como personas libres y auténticas.

Llega un momento en el que estás obligado a reflexionar en qué narrativas son tuyas y cuáles has heredado de tus padres. Tal vez, estés enfocando tu vida en metas y filtros que te han inculcado y que limitan por completo la oportunidad de ser TÚ, de ser feliz como mereces.

Reformular las narrativas heredadas para poder alcanzar tu felicidad

Las personas guardamos en nuestra memoria narrativas originales de los acontecimientos. Las redactamos tomando como base otras narrativas, la personalidad y el carácter.

Es probable que siga existiendo la huella de la desaprobación de nuestros padres en nuestra manera de construir narrativas, de explicar acontecimientos, de acotar proyectos e incluso de mirar al futuro.

Es momento de pensar en ello. De acotar su influencia de manera consciente. A veces, la auténtica libertad empieza cortando un cordón umbilical que aún nos une a esas figuras familiares de las que somos cautivos.

Valeria Sabater

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