Convierten coches clásicos como el Camaro y el Delorean en eléctricos de coleccionista propulsados por Tesla: estas son las mejores transformaciones

Cada vez hay más apasionados que están transformando sus clásicos y potentes coches de época en rápidos vehículos eléctricos.

«Antes se trataba de un hobby doméstico, en el que los usuarios cogían Teslas destrozados, les sacaban las tripas y los convertían en algún tipo de bólido, ya fuera un Camaro del 69 o lo que fuera», explica a Business Insider Mike Spagnola, CEO de la Specialty Equipment Market Association. «Estamos viendo que cada vez es más frecuente, a medida que crece la nueva generación de ‘hot rodders‘, que desean llevar a cabo una conversión a vehículo eléctrico. Es un mercado en auge».

¿La prueba? La organización de Spagnola necesitó una enorme superficie de 6.000 metros cuadrados en su conferencia anual del año pasado para dar cabida a las empresas que exhibían baterías, motores eléctricos, cables y otros componentes necesarios para reequipar vehículos.

La plataforma de subastas Bring a Trailer ha empezado a vender vehículos clásicos convertidos a eléctricos, como un Porsche de 1975 y un BMW de 1974. Dos conocidos mecánicos que trabajan en estos proyectos afirman a Business Insider que el negocio va viento en popa.

La conversión de vehículos de gasolina a eléctricos no es un concepto nuevo, pero ha ido ganando adeptos, sobre todo a medida que ha ido avanzando la tecnología de los vehículos eléctricos.

«El verdadero cambio se produjo en realidad con Tesla», resume Greg Abbott, conocido como Reverendo Gadget y CEO de la empresa especializada en transformaciones Left Coast EV, en declaraciones a Business Insider.

¿Cómo se transforma un coche de gasolina en un vehículo eléctrico?

Según el Centro de Datos de Combustibles Alternativos (Alternative Fuels Data Center), para convertir un coche en eléctrico hay que quitarle el motor y añadirle un paquete de baterías, motores eléctricos, cables de alta tensión y equipos de instrumentación, además de asegurarse de que hay espacio suficiente para acomodar estas piezas y de que el chasis original puede soportar el peso adicional.

Gadget, que apareció en el documental «Revenge of the Electric Car» (La venganza del coche eléctrico), empieza extrayendo baterías de Teslas accidentados. Al principio realizaba dos o tres conversiones al año, pero desde entonces ha llegado a convertir una docena.

«Si es un coche inundado en agua dulce, no pasa nada. Si ha estado en agua salada, probablemente sea chatarra», explica Gadget. «Si ha tenido un accidente, como un choque frontal o trasero, no pasa nada. Si ha sufrido un choque lateral, es posible que la batería esté dañada. Pero los coches están tan bien construidos que yo diría que el 95% de las veces, las baterías no presentan ningún problema».

Luego, hay un montón de trabajos estructurales, electrónicos, eléctricos y de ingeniería aparte.

No podemos simplemente sacar las piezas de un Tesla y utilizarlas», explica Gadget. «No se trata de cortar y pegar, hay mucho trabajo. Parte de eso es conseguir que los sistemas funcionen»

Los transformadores no arreglan cualquier coche

Gadget bromea diciendo que su límite es si el vehículo tiene piezas de plástico, como los parachoques. En realidad, prefiere los clásicos de los años sesenta y setenta.

La conversión de ciertos vehículos tiene más sentido que la de otros, como los que tienen seguidores de culto y cuyos valores se aprecian, o los que no tienen otra alternativa para seguir en la carretera, explica Michael Bream, director general de EV West.

Bream fundó EV West en 2008, ha montado coches eléctricos clásicos, coches piloto y coches de carreras, los ha llevado a eventos y exposiciones, y utiliza esa experiencia para desarrollar productos para las transformaciones. Bream ha trabajado con coleccionistas como Jay Leno y Tony Hawk.

«No hay dinero que alcance para crear un equivalente moderno de un Porsche de 1965. Así que si quieres seguir con esa experiencia, una de las únicas alternativas que tienes es la electrificación», afirma Bream. «En otros casos, creo que económicamente sí tiene sentido. Si intentas conservar un Porsche de época, te va a salir mucho más caro que ponerle un tren motriz Tesla».

Una conversión puede convertirse en el segundo vehículo de un amante de los vehículos eléctricos. A pesar de los conceptos erróneos sobre los eléctricos, sobre su velocidad y su peso, tienen una potencia considerable y un par motor enorme.

En cualquier caso, el coste es alto: los dos expertos estiman que el coste oscila entre 20.000 y 30.000 dólares en piezas, y una cantidad similar en tiempo y mano de obra, hasta 50.000 dólares o más. Depende de las prestaciones del vehículo, de su velocidad, de lo sofisticado que sea y de lo actualizados que los clientes quieran que estén sus vehículos.

Son apasionados de los coches

No todos los entusiastas están de acuerdo con las conversiones totalmente eléctricas. Rick Drewry, restaurador de coches clásicos y experto en productos de motocicletas y coches de coleccionista en la división de siniestros de American Modern Insurance Group, dice que espera una mayor aceptación de las conversiones híbridas.

«Veremos que los coches eléctricos superan a los de gasolina con los mismos caballos de potencia, pero cuando sean absolutamente silenciosos, perderemos a algunas personas», dice Drewry. «Ese es el quid de la cuestión: a la gente le encanta el sonido y el rugido del motor, y es difícil para ellos alejarse de ello».

Para Bream, en realidad se trata de prolongar la tradición.

«Creo que la gente no se da cuenta de que somos fabricantes de coches. No pretendemos quitarle la gasolina a nadie», afirma Bream. «De repente, puedo disfrutar con mi hijo del placer del hot rodding de la misma forma que mi padre disfrutaba conmigo cuando yo era joven».

«Estamos aquí porque somos hot rodders y nos gusta hacer que las cosas lentas vayan rápido», añade Bream. «En nuestra búsqueda por hacer coches superrápidos y divertidos de conducir», afirma, «hemos creado sin querer coches que se consideran más responsables con el medio ambiente».

Alexa St. John,

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