El mito de Deméter, la diosa rubia

El mito de Démeter nos habla de una diosa madre, para la que lo más importante son sus propios hijos y que, por extensión, protege los ciclos de la vida y del alimento, representados en la agricultura y la fertilidad de la tierra.

El mito de Deméter era uno de los más importantes para los griegos. Esta diosa era venerada en muchos lugares ya que se identificaba como “la gran madre” de la humanidad, por encima de otras diosas que en principio tenían mayor importancia que ella, como Gea o Rea.

Deméter era la diosa protectora de los granos, las cosechas y la fertilidad de los campos. También era la guardiana del matrimonio, de la ley sagrada y de los ciclos de la vida y de la muerte. Era hija de Cronos, padre del tiempo, y de Rea, madre universal. Sus abuelos eran Urano y Gea. Formaba parte del grupo principal de los dioses olímpicos.

En el mito de Deméter la diosa es representada como una hermosa mujer de cabellera rubia. La versión más extendida dice que tuvo una hija con su hermano Zeus. Otra versión señala que esa hija fue fruto de su unión con Yasón, su sobrino, hijo de Zeus y Electra. Sea como fuere, la diosa dio a luz a una hermosa niña que fascinaba a todo aquel que la mirara.

Si los toros y los leones supieran pintar, pintarían a los dioses como toros y leones”.

-Jenófanes de Colofón-



El mito de Deméter y Perséfone

El mito de Deméter cuenta que la diosa amaba tiernamente a su hija, a la que llamó Perséfone. Esta chica recorría los campos, fertilizando todo lo que encontraba a su paso y haciendo que la vida brotara por donde iba. Hades, el dios del inframundo, la observó y quedó enamorado de su belleza. En secreto, Zeus se la dio como esposa sin decirle nada a la madre.

Un día Perséfone estaba recorriendo los campos, como de costumbre. Iba por las tierras de Sicilia cortando flores, con las hijas de Océano, sus amigas. De repente, la tierra tembló y de las profundidades del suelo salió Hades con su carro. Perséfone gritó, llamando a su madre, pero fue inútil. Hades la raptó y la llevó con él a su reino.

Cuenta el mito de Deméter que cuando la diosa se dio cuenta de la desaparición de su hija, montó en cólera y convirtió a las hijas de Océano en sirenas. Quería castigarlas por no haber protegido suficientemente a Perséfone. Luego vagó durante nueve días en busca de su hija, sin comer, ni beber y emitiendo terribles lamentos por lo sucedido.

Una aventura nueva

Tras los nueve días de búsqueda, Hécate, diosa de la magia y de la brujería, escuchó sus lamentos y supo de su gran pena. Cuenta el mito de Deméter que esta llevó a la diosa rubia ante Helios, el sol, que todo lo veía y todo lo sabía. Esta divinidad le contó que su hija estaba en el mundo de los muertos.

Desesperada, pues no sabía cómo llegar al inframundo, Deméter decidió no volver al Olimpo y en cambio comenzó a vagar por la Tierra sin rumbo. Se disfrazó de anciana y así llegó a Eleusis y se sentó al lado de un pozo. Las hijas del rey Celeo y de la reina Metaneira llegaron allí para llevar agua y la diosa, con su disfraz, decidió mentirles.

Les dijo que venía de Creta y que unos piratas la habían raptado y luego liberado. Señaló que podía hacer cualquier trabajo doméstico y así fue acogida por el rey Celeo como niñera para su hijo menor, Demofonte. Deméter se encariñó mucho y decidió darle la inmortalidad; para esto tenía que hacer una serie de ritos, entre ellos, quemarle la piel en una hoguera.

La madre del niño la descubrió llevando a cabo este ritual y entró en pánico. Cuenta el mito de Deméter que la diosa se vio obligada a revelar quién era. No logró darle la inmortalidad al niño, pero, en cambio, le enseñó los secretos de la agricultura y este a su vez le transmitió esos conocimientos a los hombres.

Un reencuentro feliz

Mientras Démeter buscaba a su hija, olvidó sus tareas como protectora de las cosechas, de manera que la tierra comenzó a volverse estéril. Todo lo que se sembraba terminaba marchitándose y los hombres estaban comenzando a aguantar hambre. Preocupado por la situación, Zeus decidió hacer un acuerdo con Hades.

Finalmente llegaron al convenio de que Perséfone pasaría seis meses en el inframundo con Hades y otros seis en el Olimpo con su madre. Mientras Perséfone está en el averno, la tierra no produce nada; cuando se reúne con su madre, los campos se tornan fértiles. Así nacieron las estaciones.

Deméter pidió que se le hiciera un culto en Eleusis, donde la habían acogido con cordialidad. Dicho culto era secreto y ninguno de los que lo practicara en el futuro debía revelar sus pormenores. Una de las sacerdotisas fue torturada hasta la muerte para que contara los secretos, pero ella se resistió.

Al saberlo, la diosa rubia mandó una plaga a esa región y del cuerpo de la sacerdotisa, que se llamaba Melisa, hizo que salieran las abejas, grandes amigas de la fertilidad en los campos.

Edith Sánchez

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