La decepción en la pareja

Todas las parejas tienen que superar decepciones y asumir responsabilidades en los distintos procesos de cambio. Ahora bien, ¿cómo gestionarlas para que no terminen en una ruptura, supongan un desgaste para la relación o una pérdida irrecuperable de la confianza?

¿Qué hacer cuando nos encontramos ante una decepción en la pareja? Quizás nos surjan miles de dudas. Si bien, dependerá de la profundidad a la que haya calado lo ocurrido para cada uno de nosotros.

Para algunas personas, vivir una decepción en la pareja, hace que les resulte difícil volver a conciliarse con ella, reciclando en la papelera particular ese punto de la historia. Saber que la persona a la que aman les ha “fallado” cuestiona todo lo que sabían del otro hasta ese momento. Para que vuelvan a estar bien, tendrían que ganarse nuevamente su confianza.

Pero, ¿cómo conseguimos que, tras sufrir una decepción en la pareja, la confianza no se resienta hasta un punto de no retorno? ¿Es posible que la relación se recupere o incluso que pueda mejorar? ¿De quién dependerá y en qué grado? A continuación, hablaremos de 4 formas distintas de cambio.

“Es prudente no fiarse por entero de quienes nos han engañado una vez”.

-René Descartes-



Situación de malestar: cuando aparece una decepción en la pareja

Cuando una persona se encuentra en una situación de malestar dentro de la relación de pareja y decide que necesita cambiar, este cambio se puede dar de cuatro formas distintas:

  • El cambio de uno mismo.
  • Cambio de los dos.
  • El cambio del otro.
  • La separación como desvinculación definitiva, la supresión de la relación.

El cambio en uno mismo

Cuando aparece una situación de malestar en el vínculo de la pareja, una persona puede decidir hacerse cargo de su propia necesidad sin contar con la otra persona. Piensa que ella misma puede tomar las riendas para cambiar su estado de ánimo. Así, en esta toma de medidas, la persona puede empezar a dedicarle más tiempo a los amigos o a realizar más actividades fuera de casa.

Con toda seguridad, desde el principio de circularidad, este cambio producirá también un cambio en la pareja. Es decir, en este caso los cambios se irán produciendo de manera reactiva al cambio que aparece en el otro.

El cambio en los dos

Uno de los miembros de la pareja comunica al otro su malestar en la relación y le hace una propuesta de cambio. La sensación compartida es la de que así, como pareja, no van a ningún lado; de seguir con las mismas rutinas, la relación terminará rota.

Los dos asumen responsabilidades, haciendo esfuerzos para cambiar. La crisis de pareja es afrontada por los dos de igual manera, con ayuda de un profesional o sin terapia, remando los dos en la misma dirección.

El cambio en el otro

En terapia de parejas, muchas veces nos encontramos con que tras la petición de la terapia hay un deseo de que el otro cambie.

Por ejemplo, es frecuente que uno de los dos convenza al otro para acudir juntos a terapia.  Sin embargo, hay una supeditación o condición clara de la causa del malestar, «si el otro cambia, la relación irá a mejor»

En la mayor parte de las terapias de pareja que surgen a partir de esta demanda y el proceso terapéutico marcha bien, se dan dos tipos de situaciones:

  • Quien desea el cambio, al tiempo que desea cambios en el otro, de manera consciente está asumiendo cambios personales que durante el proceso terapéutico van a generar cambios en la otra persona.

En el abordaje sistémico de las parejas, es fundamental la expresión de Minuchin (1997) cuando decía que en el ámbito de la pareja uno es el contexto relacional del otro. De esta forma, si uno de ellos cambia como contexto del otro, este indudablemente cambia. Dicho de otro modo, el cambio comenzaría en uno mismo. Por el contrario, normalmente, cuando en la pareja uno se empeña en que el otro cambie sin asumir cambios personales, no sucede nada más que un aumento de la decepción en la pareja.

  • En otras ocasiones, la terapia transcurre bien porque ellos se dan cuenta de que el tipo de interacción que han desarrollado entre los dos es algo muy difícil de modificar. A veces, hay cosas que no son fáciles de cambiar, aceptar que “esto es lo que hay” y renunciar al cambio, es ya todo un cambio.

La separación como desvinculación definitiva

Prácticamente la mayor parte de los profesionales coinciden en que, cuando hay un proceso de separación, existen dos tipos de parejas: las que llegan a acuerdos con mucha facilidad y las que prefieren mantener vivo el conflicto.

Así, dependerá de cada pareja optar por una forma u otra de ruptura y por el tipo de decepción que ha desencadenado que la relación finalice por completo.

“La decepción es una bendición. Si nunca hubieras estado decepcionado, nunca sabrías lo que es importante para ti”.

-Kamand Kojouri-

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Marián Carrero Puerto

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