La decisión de no tener hijos y sus efectos

La decisión de no tener hijos es una opción creciente en el mundo actual. Generalmente, esto obedece a los factores socioeconómicos o al pesimismo informado. Solo en algunos casos es fruto de la dificultad para contraer compromisos.

La decisión de no tener hijos, así como la de tenerlos, es acertada si obedece a una motivación bien fundamentada. Un hijo cambia por completo la vida individual y la relación de pareja. Por lo mismo, se trata de un asunto que solo cada persona puede dilucidar y lo mejor es que lo haga reflexivamente y sin presiones de ningún tipo.

Hay que tener en cuenta que la decisión de no tener hijos es reversible, mientras que la de tenerlos, no. Un hijo no se puede borrar de la realidad, incluso aunque los padres decidan apartarse de él o darle la espalda. Por lo anterior, siempre será más difícil optar por traer una nueva vida al mundo.

Un hijo proporciona sentimientos que ningún otro vínculo despierta tan profundamente. También implica compromisos irrenunciables que duran para siempre, a menos si queremos ser buenos padres. No todo el mundo se siente listo para esas experiencias tan profundas con otro ser humano, por lo que la decisión de no tener hijos sería la correcta.

No todo el que tenga un útero tiene que tener un hijo, así como no todo el que tenga cuerdas vocales tiene que ser cantante de ópera”.

-Gloria Steinem-



La decisión de no tener hijos es respetable

Antes de seguir con esta reflexión, es importante anotar que hasta hace un tiempo pesaba un fuerte tabú sobre quienes tomaban la decisión de no tener hijos. En el caso de los hombres, de un modo u otro se le asociaba con cierta incapacidad. En el caso de las mujeres, se veía como una muestra de egoísmo o de frialdad extrema.

Aunque sigue siendo más elevado el número de parejas que tienen hijos, también viene en aumento la cifra de quienes deciden no tenerlos. Actualmente hay más libertad para tomar este tipo de decisiones. Ya no se piensa que procrear es una obligación en la vida de toda persona “normal”.

Insistimos en que lo que hace acertada o desacertada esa decisión son las motivaciones. Pese a esto, es inclusive probable que se esté incrementando la decisión de no tener hijos como mecanismo de adaptación a un mundo con condiciones hostiles. La sobrepoblación nos induce, de uno u otro modo a inclinarnos hacia las opciones que mejor garanticen nuestra supervivencia como especie.

Los cercos de la economía

Una de las motivaciones para tomar la decisión de no tener hijos es la situación económica de cada uno. Se ha establecido que quienes más se resisten a procrear son los hombres de las clases más desfavorecidas y las mujeres de clases medias y altas que son exitosas profesionalmente.

En ambos casos el factor central de la decisión son las condiciones económicas. En un caso, porque las circunstancias no permiten responder a los compromisos que implica tener un hijo en aspectos básicos como alimentación o educación. En el otro caso, porque lo profesional es lo suficientemente absorbente y gratificante como para no dejar lugar a nada más.

Llama la atención, de todos modos, que las mujeres de bajos recursos no sean tan reticentes a no tener hijos como tampoco lo son los hombres de las clases adineradas. Probablemente, para ellas un hijo sustituye la satisfacción que no encuentran en su actividad económica. Y tal vez ellos no sienten que un hijo represente un gran cambio, en la medida en que se asume que su participación en el embarazo y en la crianza no es tan exigente.

El pesimismo como perspectiva

La decisión de no tener hijos es también muy propia de quienes ven el futuro con pesimismo. Este no necesariamente es una respuesta neurotizada a los avatares de la realidad, sino que muchas veces obedece a una valoración objetiva de muchos factores que hoy en día pesan sobre la humanidad. Hay tantas amenazas latentes en el mundo actual que resulta muy complicado mirar hacia el futuro con esperanza.

Uno de los indicadores de que una sociedad ve el porvenir de manera positiva es el incremento de los nacimientos. Fue lo que ocurrió tras la reconstrucción de muchos países, después de la Segunda Guerra Mundial: el famoso baby boom. Eran tiempos en que se veía un nuevo amanecer en el horizonte, que llamaba a apostar por el mañana.

Hoy en día está sucediendo casi lo contrario. Las noticias nos hablan de crisis, de deterioro, de decadencia. Nos movemos diariamente sobre un mar de incertidumbres y cambios negativos que nos toman por sorpresa. Es el caldo de cultivo ideal para un pesimismo razonable, basado en datos objetivos.

Sea como sea, lo importante en la decisión de no tener hijos es que esté acompañada por una reflexión profunda y sana. Lo mismo vale para quienes deciden formar una familia. Los hijos deben ser fruto del deseo y se gestan primero en la cabeza y en el corazón para que luego ser un símbolo de amor por la vida.

Edith Sánchez

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