La dispersión mental: sácale partido

¿Qué es la dispersión mental? ¿Qué ventajas tiene? ¿Cómo trabajar con ella? ¡Descúbrelo en nuestro nuevo artículo!

Quizás alguna vez has escuchado las siguientes frases: “estás muy disperso”, “estás en mil cosas, pero no te centras en ninguna”, “estás en la Luna de Valencia”… Pero, ¿qué es la dispersión mental realmente? ¿Es algo negativo o también tiene aspectos positivos? ¿Qué podemos hacer para que la dispersión mental no interfiera negativamente en nuestro día a día?

En este artículo conoceremos en qué consiste este concepto relacionado con la mente y la cognición analizando la postura que mantienen los psicólogos más importantes del campo. Además, también descubriremos cómo se relaciona con la inteligencia, y más concretamente, con la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner. ¡No te lo pierdas!

La dispersión mental: ¿qué es?

La dispersión mental es el producto natural de tratar de abordar varias cuestiones a la vez; una multiplicidad de estímulos demandantes que desbordaría nuestros recursos atencionales, lastrando capacidades tan importantes como la memoria de trabajo.



¿En qué se traduce? Pues bien, si una de esas demandas es un problema, podemos terminar por resolverlo mal o no resolverlo.

La teoría de las inteligencias múltiples de Gardner

Podemos relacionar el concepto de la dispersión mental con la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner (1983). ¿De qué manera? Vayamos al origen…

Howard Gardner, psicólogo, investigador y profesor de la Universidad de Harvard es quizás el abanderado más conocido de la idea de que existen distintos tipos de inteligencia. Un pensamiento que se enfrenta a una concepción social mucho más reduccionista de este proceso psicológico básico.

Gardner defiende que tenemos muchas formas y muchos campos en los que podemos mostrarnos inteligentes; así estableció hasta 8 tipos de inteligencia. De esta manera, Gardner empezó a categorizar otras formas de pensamiento, a través de su Teoría de las inteligencias múltiples (1983).

Algunas de estas inteligencias “nuevas” tenían como “riesgo” la dispersión mental; es decir, las personas que no tienen una inteligencia analítica muy marcada (la inteligencia “clásica”), que no son tan focalizadoras, serían más propensas a dispersarse.

En este contexto, la dispersión mental estaría muy asociada al riesgo que tienen las personas con una inteligencia más creativa e intuitiva de no ser capaces de focalizar su atención.

Problemas y ventajas de la dispersión mental

El problema de la dispersión mental es que al final no estás resolviendo nada, estás dejando que las cosas se disuelvan y punto. Todo esto hace que exista cierta fuga de energía, que a su vez hace que nos sintamos exhaustos y que no concretemos en nada.

Sin embargo, cuando la dispersión mental no es extrema, sí puede ser adaptativay esto tiene mucho que ver con la creatividad y con la intuición. Según la coach Mónica González, hay veces que las grandes ventajas de tener más marcadas inteligencias diferentes a la “clásica” (musical, kinestésica, artística…), hacen que no estés tan concentrado o que no puedas fijar tanto la atención: eso es la dispersión mental.

Aunque este concepto parece negativo, esto no es del todo así. Pues, cuando eres capaz de integrar muchos conceptos diferentes, en realidad lo que estás haciendo es generar un todo enriquecido, diverso y plural.

La dispersión mental nos permite integrar muchos aspectos diferentes y enriquecedores a la hora de trabajar con nuestro pensamiento. Muchas personas necesitan esta dispersión mental para ser más creativas (aunque, todo en su justa medida).

¿Cómo trabajar la dispersión mental?

Según Mónica González, es importante preguntarle a la persona si esa dispersión mental, que es intrínseca a su naturaleza, le está generando problemas o no. Es decir, cuestionarle: ¿la dispersión mental te hace sentir mal? ¿Tienes algún déficit por compensar o cambiar? En caso de que interfiera y la persona quiere cambiarlo, entonces podemos practicar las siguientes pautas:

  • Utilizar listas y agendas. Es decir, las cosas que queremos hacer y ejecutar (acciones). Por ejemplo, a través de Google Calendar o diferentes apps orientadas a la organización del tiempo.
  • Generar rutinas y hábitos. Es fácil que nuestra mente “se vaya” aún con hábitos y rutinas, pero eso no es un problema. El problema es que no podamos volver a traer la mente donde queremos, focalizando nuestra atención. Por suerte esto se entrena, a través del control de la atención.
  • Hacer pausas que le permitan a nuestra mente divagar. Muchas veces nos obligamos a mantenernos durante mucho tiempo haciendo una misma tarea concentrados, y esto es imposible. Debemos dejar espacios para que nuestra mente vaya donde siente que deba ir; cuando acabe la pausa, deberemos volver a fijar la atención donde ésta sea necesaria.

“El hecho de tener el control sobre el pensamiento hace que vayas generando una atención mucho más consciente, y que esta atención esté focalizada donde realmente quieres que esté”.

-Mónica González-

Por su parte, el psicólogo Luis Miño propone las siguientes pautas a la hora de trabajar la dispersión mental:

Canalizar la atención, la energía y el pensamiento

Muiño recomienda no ver la dispersión mental como algo negativo, y tratar de hacernos “amigos” de ella, ya que esta está asociada también a cosas buenas: la creatividad, la intuición… Pero, ¿qué significa canalizar todos estos elementos?

Por un lado, darse espacios para la dispersión, porque nuestro cerebro lo necesita (no intentes forzar tu atención durante todo el día), y por otro lado, aprender a bajar al “mundo real” cuando es necesario.

¿Cómo? Diferenciado el mundo mental del mundo “real”. Para ello, puedes fijar gestos, como dar un pequeño golpe a la mesa, o pellizcarse el reloj. Esto te permitirá volver a la vida real y focalizar la atención la atención donde desees. Se trata de automatizar estas “vueltas” a la realidad, a través de estas pequeñas acciones.

Disfrutar de esta dispersión mental

Muiño también recomienda disfrutar de esta dispersión mental, concederle su territorio en el tiempo y en el espacio. Es decir, no se trataría tanto de evitar la dispersión mental como de disfrutar y aprender con ella, canalizándola; asumirla, aceptarla parte de nuestros momentos vitales y no emprender una guerra con ella.

Un pensamiento difuso y que vuela muy rápido de concepto en concepto o de campo en campo es capaz de establecer, en algunas ocasiones, asociaciones que son realmente novedosas.

Cuidar nuestros hábitos de sueño

También es importante cuidar nuestro sueño. Según los expertos, dormir y soñar son formas de “descartar” los restos de pensamiento que ya no le sirven a nuestra mente, por eso para las personas con dispersión mental es muy importante cuidar este hábito.

Un buen descanso mejora nuestra capacidad atencional. Así, disfrutando de buenos descansos somos capaces de dirigir nuestra atención durante más tiempo y de recoger más y mejores frutos cuando esta se dispersa.

Laura Ruiz Mitjana