La familia Zero, cuando hay un depredador en casa

La familia Zero es una modalidad de agrupación familiar en donde priman los vínculos tóxicos, que además terminan normalizándose. Es habitual que en ellas haya un psicópata integrado.

El concepto de familia Zero fue propuesto por el psicólogo Iñaqui Piñuel en un libro publicado en 2020 y con título homónimo al término. Se refiere a un tipo de familia altamente tóxico y, por desgracia, muy común. En este tipo de entornos hay relaciones marcadas por el abuso, la victimización y la manipulación de forma encubierta o explícita.

En la familia Zero suele haber un miembro que puede catalogarse como psicópata integrado. Estas personas pueden comportarse como auténticos depredadores emocionales. Lo peor es que en una familia disfuncional estas figuras son quienes con frecuencia terminan por dirigir los destinos de todos.

Así mismo, la familia Zero da lugar a huellas emocionales que pueden durar toda la vida. A veces por el franco abuso psicológico o físico que se produce en el interior de las mismas y otras veces por el abandono y hostilidad extremos que marcan fuertes carencias en sus miembros.

No hay que darle una segunda oportunidad a alguien que te maltrata por primera vez”.

-Iñaqui Piñuel-

El psicópata integrado

Los psicópatas integrados son personas que en apariencia resultan “normales” o similares a cualquier otra persona. Sin embargo, no tienen emociones genuinas, carecen de empatía y no reconocen las normas morales. Suelen ser simpáticos y encantadores, lo cual les da un amplio margen para manipular a otros.



La estructura psicológica de este tipo de personas les impide experimentar remordimientos o sentimientos de culpa. Por lo mismo, el único límite que le ponen a sus acciones es su propia conveniencia. El hecho de hacer daño y de ser crueles con otros está presente en su conducta y esto no les parece negativo.

Iñaqui Piñuel señala que la mayoría de los psicópatas pertenecen a la categoría de “integrados”. Este tipo de personas no cometen crímenes y, de hecho, muchas veces ni siquiera son explosivos o violentos. Sin embargo, destruyen moral y emocionalmente a las personas que les rodean. En la familia, son altamente nocivos.

La familia Zero

La familia Zero comienza con lo que Iñaqui Piñuel llama “amor zero”. Este corresponde a una relación de pareja en la que uno de los dos es un psicópata integrado. Este suele tener un poder de seducción muy elevado y quien establece una relación de pareja con él o ella se condena a vivir una cadena de traumas.

Es frecuente que alguien con una pareja así viva experiencias muy dolorosas y que, pese a ello, solo se dé cuenta de que la relación está siendo ponzoñosa después de que le haya causado mucho daño. En la mayoría de los casos, se necesita psicoterapia para terminar con una relación de este estilo.

Antes de que eso suceda, no es raro que se conforme una familia. Los hijos, con progenitores psicopáticos, crecen alternando el sentimiento de estar perdidos y el de normalización del abuso. Llegan a trivializar lo que ocurre en el interior de su hogar, al tiempo que cargan con profundas heridas emocionales.

Los efectos de la familia Zero

Este tipo de familias, altamente tóxicas, dejan huellas que pueden ser permanentes. Los niños que han crecido en este tipo de entornos desarrollan un concepto muy negativo de sí mismos y sienten que solo son merecedores de lo peor. Predominan los sentimientos de miedo, vergüenza y humillación.

Por lo mismo, no es raro que repitan la dramática historia en sí mismos. Es decir que podrían elegir como pareja a alguien con rasgos psicopáticos. Por un lado, esto es efecto del trauma mismo, que tiende a repetirse. Por otra parte, han aprendido a ver como “normal” una conducta que no lo es.

De otro lado, en las víctimas de esta situación se desarrolla algo que Piñuel denomina “apego al perpetrador”. Se trata de una dependencia patológica, en la que las víctimas se vuelven, por así decirlo, “adictas al sufrimiento”. Esta reacción se interpreta, de forma errónea, como “amor”.

Existe salida

Por norma, los niños que crecen en una familia Zero se convierten en adultos muy vulnerables, con tendencia a crear vínculos tóxicos. Suelen repetir los patrones que aprendieron y es de esta manera que muchas vidas terminan encerradas en laberintos que en apariencia no tienen salida.

Estas personas tienen más riesgo de involucrarse con entornos y personas abusivos. Su “sistema de alarma”, por así decirlo, tiene un fallo. No tienen claro cuál es el límite de una situación “normal” y “anormal”. Por lo mismo, no saben ponerse a salvo.

El daño es profundo y por eso exige un proceso de psicoterapia. Los efectos más importantes de la situación se pueden revertir con la atención adecuada. Así, se puede reparar el daño en gran medida, pero es necesario trabajar para lograrlo.

Edith Sánchez

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