Las oportunidades se esconden entre las grietas de las dificultades

Decía Albert Einstein que en medio de toda dificultad se encuentra una oportunidad. Sin embargo, ¿cómo verlas si estamos bajo mínimos, si el ánimo no acompaña y nuestra mente se halla atrapada en el laberinto de la ansiedad? Lo analizamos a continuación.

Suele decirse que las oportunidades solo las intuyen las mentes más preparadas. Ahora bien, cuidado, porque con “preparación” no nos referimos solo al arte de la estrategia, a un afinado plan, a los conocimientos técnicos. Saber atisbar posibilidades de cambio en cualquier contexto requiere también de buenas dosis de autoconfianza, entusiasmo, buena gestión emocional, paciencia, resistencia a la frustración…

El arte de saber aprovechar la oportunidad en el momento adecuado se relaciona de manera directa con el área del crecimiento personal. A todos nos gustaría, sin duda, disponer de esa capacidad para ver puertas abiertas cuando ante nosotros solo hay ventanas cerradas. Lograrlo no es cuestión de entrenamiento, de tener muchos títulos académicos o de suerte. Consiste, también, en un enfoque mental habilitado para ver destellos de esperanza entre las grietas de la adversidad.

Son muchas las personas que han logrado el éxito aún en las circunstancias menos propicias. Ejemplo clásico de ello fue, sin duda, Steve Jobs. Cuando lo despidieron de Apple, empresa que él mismo creó, lejos de rendirse inició otro proyecto no menos reluciente e icónico: Pixar. Al cabo de poco tiempo, se alzó a su vez como el mayor accionista de Disney.

Ahora bien, desde un punto de vista psicológico, es recomendable abrir un poco más el significado del término oportunidad. No debemos relacionarlo de manera exclusiva con el ámbito profesional, con el éxito en el trabajo. Oportunidad es, por encima de todo, ser capaces de generar un cambio que nos ofrezca bienestar, que suponga un progreso a nivel emocional y personal.



Las oportunidades en tiempos de crisis

En psicología existe un concepto que cuanto menos resulta interesante. Nos referimos al “coste de las oportunidades”, una idea que define, básicamente, lo que nos cuesta en ocasiones alcanzar una meta deseada al prepararnos para ella.

Lo entenderemos al instante poniendo unos ejemplos. Muchos nos preparamos para tener un futuro estudiando una carrera, invirtiendo tiempo, esfuerzos y costes económicos. Sin embargo, a pesar de todo ese esfuerzo, en ocasiones el mercado laboral nos da pocas oportunidades.

Otro ejemplo, unos padres llevan a sus hijos a clase de piano desde muy pequeños. Lo hacen bajo la idea de que algo así les hará más felices y que mejorarán incluso muchas de sus competencias intelectuales, dándoles mayores oportunidades para el futuro. Sin embargo, lo que experimentan esos niños es un elevado estrés.

En ocasiones, el coste por tener acceso a determinadas oportunidades es demasiado elevado y, lejos de darnos beneficios, nos acarrea infelicidad y mayor dificultad para abrirnos paso por la vida. Las oportunidades son, sin duda, un concepto esquivo y complejo.

No siempre las podemos prever ni anticipar y, en ocasiones, cuando las tenemos ante nosotros no podemos verlas porque no estamos preparados. La preocupación, la ansiedad o el desánimo nos impiden ver esas cerraduras tan propicias para el cambio. Es importante cuidar de nuestra salud psicológica para permitirnos esos cambios que revierten en el propio bienestar. Veamos cómo.

Las oportunidades, ¿aparecen o se crean?

A menudo nos repiten aquello de que las oportunidades se crean. Algo de lo que siempre nos intenta convencer la sociedad moderna es que cada persona es dueña de su destino al crear sus oportunidades a través del esfuerzo. Sin embargo, como bien sabemos, en ocasiones el contexto no acompaña. Por mucho que nos preparemos y esforcemos las oportunidades escasean, y más en tiempos de crisis.

Quizás por ello debemos habilitarnos en una nueva competencia, la de saber encontrar las oportunidades entre las grietas de la adversidad. Como bien decía el filósofo y militar Sun Tzu, la victoria se conquista siendo capaces de encontrar las oportunidad en medio del problema. Pero, en ocasiones, la visión del problema nubla nuestra visión.

  • De ahí que, más que obsesionarnos en exclusiva en prepararnos en acumular títulos, cursos o conocimientos técnicos, debamos focalizarnos también en determinadas habilidades psicológicas.
  • La adecuada gestión de las emociones y del estrés cotidiano, por ejemplo, sería una herramienta de supervivencia esencial.
  • La resistencia a la frustración, la capacidad de cultivar la esperanza aún en los momentos complicados son también dimensiones que tener presentes.

La valentía de alzar el rostro para ver más allá de nuestros sufrimientos

Las oportunidades son invisibles para quienes ven la realidad sin perspectiva. También, para los que están atrapados en el cautiverio de una depresión, en las cadenas de un trastorno de ansiedad. No resulta fácil atisbar posibilidades de cambio cuando la mente no acompaña y lo que experimentamos es el sufrimiento en todas sus formas.

Sin embargo, ser capaces de ver las oportunidades en las grietas de los días difíciles es el único mecanismo de autosalvación y de progreso. Porque muchas veces lo que esperamos de la vida no es una puerta abierta al éxito o a la fama, lo que queremos verdaderamente es estar bien, sentirnos a gusto con lo que somos y con lo que nos rodea.

Algo así exige hacer un esfuerzo, alzar la mirada más allá de nosotros mismos para conectar con lo que nos rodea y, entonces, mirar desde el corazón, atender desde esa mente que se atreve a ser flexible, creativa e intuitiva. Los días difíciles vienen y van, pero solo nosotros tenemos la capacidad para saber navegar en toda circunstancia y permitirnos avanzar al ver oportunidades de progreso. Pensemos en ello.

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater

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