Los 5 lenguajes de la disculpa, según Gary Chapman

A veces, un «lo siento» no es suficiente. Hay personas que necesitan saber que el otro admite su equivocación, mientras que otras piden un cambio o una solución. Todo depende del lenguaje de la disculpa que utilicen.

Todos cometemos errores. Es algo indudable. La mayoría de ellos sin querer, aunque muchos no lleguen a comprenderlo. Otras veces siendo conscientes a medias y en algunas ocasiones con intención. Sea como sea, podemos acabar haciendo daño a los demás. Es uno de los riesgos de las relaciones. Incluso, también podemos herirles sin darnos cuenta y sin cometer errores, pues apenas sabemos sobre su historia.

Ahora bien, casi siempre hay oportunidad para pedir perdón e intentar reparar aquello que se rompió. Lo que ocurre es que no todas las personas aceptan un “lo siento” como disculpa. A veces se necesita algo más. Y por supuesto, no todas las personas piden perdón igual.

Eso es así porque el significado del perdón suele ser diferente de una persona otra, razón por la que a veces es fuente de malentendidos y no se perciba de forma sincera. De ahí que muchas parejas no terminen de reconciliarse, algunas familias se mantengan distantes e incluso se den por perdidas muchas amistades. ¿Lo habías pensando alguna vez?

Según el escritor y filósofo Gary Chapmanexisten 5 lenguajes de la disculpa. Conocerlos nos permitirá comprender a los demás y a nosotros mismos mucho mejor, así como saber qué esperan de nosotros y de qué forma percibirán un arrepentimiento sincero. Solo así se podrá romper la barrera que fue creada por el agravio y restaurar la confianza sincera.

Veamos a continuación cuáles son los lenguajes de la disculpa. Profundicemos.

Expresar arrepentimiento

Lo siento” o “perdóname“. Se trata del aspecto emocional de la disculpa, a través del cual se expresa a los demás la culpa, la vergüenza o el dolor que se experimenta por lo que se ha hecho.

Quienes tienen este lenguaje de la disculpa se sienten profundamente afectados por lo ocurrido y esperan que las personas que los han ofendido se den cuenta de cómo han sido heridos y se arrepientan. Si no existe un signo de arrepentimiento, no percibirán una disculpa sincera y les será imposible reconciliarse.

Por muchas explicaciones y argumentos que se den e incluso soluciones, la disculpa no será efectiva y la herida seguirá abierta, si no va acompañada de las palabras que expresan arrepentimientoAsí, las palabras “lo siento” o “discúlpame” son la puerta de entrada hacia el perdón.

Aceptar la responsabilidad

De poco sirve pedir perdón si no se acepta la parte de responsabilidad en lo ocurrido o el hecho de haberse equivocado. Algunas personas no tienen problemas en reconocerlo, pero a otras les cuesta enormemente, ya que asocian cometer un error con ser débiles porque tienen dañada su autoestima y tienden a justificarse y culpar a otros.

La realidad es que por mucho que lo intentemos no somos perfectos. Es imposible que en algún momento no nos equivoquemos. La cuestión es ser capaz de reconocerlo y responsabilizarnos de ello, algo relativamente sencillo en las personas con madurez emocional.

Quienes utilizan este lenguaje de la disculpa lo único que esperan es que la otra persona reconozca su responsabilidad, su error, su equivocación en lo ocurrido. Si no es así, consideraran que no hay un arrepentimiento de verdad.

Restituir

Son muchas las personas que piensan que si se comete un error o se lastima a otra persona hay que pagarlo y reparar el daño. De esta forma, se equilibra la balanza de la justicia, pues al final toda herida u ofensa conlleva una pérdida, ya sea tangible o no.

Aunque esto pueda parecer algo duro, lo que realmente quieren las personas que utilizan este lenguaje de la disculpa es saber que la otra persona les sigue queriendo, a pesar de todo. Después de haber sido heridas, necesitan tener la certeza de que quien las hirió todavía las ama. Se enfadan, sufren y lo ocurrido les duele profundamente porque los actos y las palabras de la otra persona han puesto en duda su amor.

Por eso, si la disculpa no va acompañada de “¿qué puedo hacer para demostrar que me interesas?” no será suficiente. En cambio, si se expresa la intención de reparar lo dañado, sentirán que se las sigue amando porque hay un esfuerzo, además de percibir que un arrepentimiento sincero.

Arrepentirse genuinamente

Para quienes utilizan este lenguaje de la disculpa, el arrepentimiento y el deseo de modificar el comportamiento para que la situación no vuelva a repetirse son claves. Así, aquí no es solo un “lo siento, me equivoqué“, sino que es fundamental una promesa de no volverlo hacer, un deseo de cambio.

Y para ello es esencial expresarlo porque se comunica lo que ocurre en el interior: un reconocimiento del daño que se ha generado, el malestar experimentado y la intención de modificar aquello que hiere. Sin embargo, si se piensa, pero no se expresa, para la persona ofendida que utiliza este tipo de lenguaje es como si no existiera porque no puede leer la mente.

Ahora bien, cambiar conlleva tiempo, no es algo que se consiga de la noche a la mañana y se puede fracasar. Por ello, es aceptable y recomendable pedir un poco de paciencia, pues es poco probable que se consiga a la primera.



Pedir perdón

Las personas con este lenguaje de la disculpa solo quieren que se les pida perdón porque entienden que con ello hay un deseo de que la relación se restablezca, un interés genuino para recuperarla y el reconocimiento de una ofensa.

Además, cuando se pide perdón se pone el futuro de la relación en manos de la persona ofendida, ya que puede elegir por perdonar o no. Una situación que puede ser muy difícil para algunas personas, sobre todo para aquellas con personalidad dominante, con temor al rechazo y al fracaso.

Esto es así porque disculparse es admitir una equivocación y hay a quien no le gusta porque considera que al hacerlo se vuelve vulnerable, ya que la decisión de perdonar es de la otra persona y siempre hay dos opciones: una en la que existe la posibilidad de ser rechazado. En estos casos, lo más importante es reconocer el miedo a ser controlado por el otro y el temor al rechazo, saber que lo que se ha hecho ha creado un problema y ha herido a la otra persona y que la única forma de resolverlo es disculpándose de forma sincera.

Por otro lado, cuando lo que impide pedir perdón es el miedo al fracaso, también hay que tener en cuenta la fuerte brújula moral por la que se rigen esas personas en la que hacer lo correcto equivale a ser bueno y tener éxito. En su mente, reconocer un error o una equivocación es admitir ser un fracasado, por lo que les cuesta. De ahí que a veces discutan con vehemencia sosteniendo que lo que hicieron estaba mal, que quizás le dolió, pero que no fue su intención. Aquí también es importante identificar el miedo al fracaso, pero sobre todo ser conscientes de que nadie es perfecto, que todos cometemos errores y que eso no es sinónimo de ser un fracasado.

Ahora bien, si hay un aspecto importante relacionado con el perdón es que este se pide, pero no se exige. Exigirlo es no comprender la naturaleza del perdón: la elección de perdonar, permitir que la persona vuelva a entrar en la vida y que además se pueda seguir desarrollando el sentimiento de confianza.

Además, el perdón exigido también indica que no se tiene en cuenta el dolor de la otra persona, pues no es fácil otorgarlo. Cuando se perdona también se renuncia al deseo de justicia y en ocasiones se acepta vivir con las consecuencias de lo ocurrido. De ahí que cuando se pide perdón no es poca cosa lo que realmente se está pidiendo.

Por último, pedir perdón siempre puede acompañar al resto de los lenguajes de la disculpa. De hecho, muchos de ellos no serán efectivos sin él.

Los lenguajes de la disculpa: clave de las buenas relaciones

Como hemos visto, existen varios lenguajes de la disculpa y todos son válidos. Algunos tienen más profundidad que otros, pero lo importante es identificarlos en los demás y en nosotros mismos. Así será mucho más fácil comprendernos, dar y recibir disculpas y sanar nuestras relaciones.

Es cierto no es fácil, pero merece la pena. Y no lo es por dos razones: hay que salirse de uno mismo para saber qué necesita la otra persona y hay que abandonar el sentido de justicia y las ganas de llevar la razón para saber qué necesitamos cuando nos hemos sentido ofendidos. Sin embargo, que sea complicado, no lo convierte en desagradable, todo lo contrario.

No obstante, podemos hacernos las siguientes preguntas para descubrir qué lenguajes de la disculpa utilizamos:

  • ¿Qué espero que la persona haga o diga que me permita perdonarla automáticamente?
  • ¿Qué me duele más profundamente de esta situación?
  • ¿Cuál es el lenguaje más importante cuando yo me disculpo? (Probablemente ese sea el que esperemos que utilicen con nosotros)

“El perdón no es un sentimiento es un compromiso. Es elegir mostrar misericordia y no sostener la ofensa del ofensor. Perdonar es amar”.

-Gary Chapman-

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Gema Sánchez Cuevas

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