Por qué la empatía es más necesaria que nunca

En momentos difíciles, hay un nutriente que no puede faltar: la empatía genuina y efectiva. Es la energía que crea puentes entre las personas permitiendo que fluya la compasión y ese interés activo capaz de generar cambios positivos.

La empatía es más necesaria que nunca en tiempos difíciles. No debería faltar en ningún escenario, público o privado. Debería estar presente en cada persona, en cada mente que tenga como objetivo atender a otros, liderar un país o simplemente, salvaguardar a los demás y a sí mismo.

Ahora bien, algo que sabemos bien los psicólogos es que tal valía en nuestra condición humana no siempre se aplica de manera efectiva. Pensemos en ello.

No es lo mismo sentir el dolor o las necesidades ajenas que comprenderlas y decidir ser útil. Entre sentir y actuar hay un gran abismo que no todos se atreven a sortear para crear puentes, para movilizar energías y recursos por el bien común.

Al fin y al cabo, ese es el auténtico propósito de la empatía: favorecer la supervivencia y el bienestar del grupo al conectar con las emociones del otro y generar una conducta capaz de promover el bien ajeno. Tan simple, pero tan difícil a veces.

Como bien señala Daniel Golemanno importa lo inteligente que uno sea, sin una empatía útil y activa nadie llegará muy lejos.



Razones por la que la empatía es más necesaria que nunca

En momentos de crisis y dificultad, la empatía puede actuar como catalizador. Es un medio para que fluya la armonía entre los grupos, la identificación de necesidades y esa colaboración activa donde ser parte del grupo y no arquitecto del conflicto.

Queremos personas que sumen y que no dividan, necesitamos corazones y mentes orientadas a generar soluciones y no a permanecer en una posición pasiva donde limitarse a ver qué hacen mal los demás.

Analicemos con detalle por qué la empatía es más necesaria que nunca hoy en día.

Empatía para comprender las necesidades de quien tenemos cerca

Cuando pasamos por momentos difíciles habrá quien se limita en exclusiva a cuidar de sí mismo y de su familia, sin embargo, debemos ser capaces de ir más allá para poder detectar las necesidades de otras personas sin que ellas lo exterioricen.

Necesitamos redes de apoyo vecinales, esas que identifiquen por ejemplo al anciano del quinto que vive solo, a esa pareja mayor del tercero que necesita que alguien les haga la compra.

La empatía emocional es útil, nos permite sentir la realidad del otro, pero lo que debemos trabajar también es la empatía cognitiva esa que entiende las necesidades reales, que va más allá de la emoción y da el paso para actuar, para generar soluciones.

Aquellos que nos cuidan también necesitan nuestra empatía

Tenemos claro que nuestros sanitarios se definen básicamente por ese sentido de empatía auténtico para con sus pacientes. Eso es innegable. Sin embargo, si la empatía es más necesaria que nunca es porque, en tiempos difíciles, ellos también necesitan que se les cuide y se les reconozca.

Si no somos capaces de cuidar a quienes nos cuidan no avanzaremos como humanidad.

Necesitamos líderes hábiles en empatía compasiva

Daniel Goleman nos explicaba en su libro Focus que hay un tercer tipo de empatía esencial en el ámbito del liderazgo, tanto empresarial, como político, se trata de la empatía compasiva. En este caso, se moviliza un ejercicio emocional, cognitivo y conductual en la que se muestra una preocupación genuina por los demás.

Caen los egoísmos, los intereses y las falsedades para activar una compasión que valora al ser humano por encima de cualquier cosa. Ello se traduce en acciones, en compromisos reales y efectivos a partir de esa cercanía auténtica para con las personas.

Una oportunidad de crecimiento global

La empatía es más necesaria que nunca en tiempos complicados. Cada día nos encontramos con oportunidades reales para ejercitarla, para tener en cuenta lo que nos revelan múltiples estudios como el llevado a cabo en la Universidad de Manchester, Reino Unido por parte de la doctor Karen Tristen.

Según este trabajo, la empatía activa, esa que brindamos a través del apoyo social, crea lazos más fuertes, felices y revierte en la esperanza de vida.

Pocas veces habíamos necesitado tanto de esta dimensión. Es quizá un momento idóneo para que la aprendan nuestros hijos, para que germine en las comunidades de vecinos, en los pequeños pueblos, en las grandes ciudades y por su puesto, a nivel internacional.

Necesitamos de la ayuda y la compasión cercana y también remota. Esa que nos pueda ofrecer un amigo, un hermano, un vecino y también, un desconocido. Reflexionemos sobre ello y aprovechemos esta oportunidad.

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater

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