¿Por qué me cuesta tanto tomar decisiones?

La toma de decisiones es una constante vital. Además, la forma en que la afrontemos en muchas ocasiones puede perjudicarnos más que la opción por la que finalmente nos decantemos. Así, hoy queremos hablar de cómo este proceso puede actuar de lastre en nuestra vida.

La vida es una constante toma de decisiones. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, hemos de escoger, seleccionar, optar por unas alternativas y desechar otras. En algo tan simple, como elegir qué vamos a desayunar, o en algo más complejo, como aceptar o rechazar un puesto de trabajo o terminar con una relación de pareja, encontramos encrucijadas. Pero, ¿por qué a algunas personas les cuesta tanto tomar decisiones?

Todos podemos experimentar inquietud o desasosiego cuando nos enfrentamos a dilemas importantes. Nadie desea equivocarse y tener que arrepentirse posteriormente de las consecuencias. Sin embargo, en ocasiones esta indecisión se vuelve patológica, afectando seriamente el bienestar de las personas. Descubrir las causas puede orientarnos acerca de qué aspectos es necesario trabajar para revertir esta situación.

¿Por qué cuesta tanto tomar decisiones?

Si nos paramos a pensar en por qué nos cuesta tanto tomar decisiones, tal vez no seamos capaces de identificar los motivos. Pero, en muchos casos, son las siguientes razones las que nos detienen:

Miedo a hacerse responsable

Ser adultos nos da la oportunidad de escoger y actuar según nuestras preferencias y opiniones. Esto nos lleva a una vida más libre que cuando éramos menores, pero también nos carga con el enorme peso de la responsabilidad. Y es que, en este momento, el resultado depende únicamente de nosotros, ya no hay a quien culpar. Así, el miedo a equivocarnos, a cometer errores y tener que asumir las consecuencias de nuestros actos puede paralizarnos a la hora de decidir.

Pongamos como ejemplo el caso de una persona que se plantea abandonar su trabajo para apostar por un emprendimiento. Sabe que solo ella será responsable si sale mal y termina arruinada; pero también lo será si continua en ese trabajo y se siente totalmente infeliz. Asumir este choque de fuerzas no es sencillo y a algunas personas las desborda o las bloquea.



Escoger implica descartar

La toma de decisiones puede complicarse cuando nos hacemos conscientes de que no solo estamos optando por una opción; a la vez, también estamos renunciando a todas las demás. Por lo mismo, muchas personas realizan un análisis exhaustivo y concienzudo de todas las alternativas.

Esta tendencia a sobreanalizar y a racionalizar en exceso las decisiones nos hace lentos; en ocasiones, desadaptados, teniendo en cuenta el dinamismo de nuestro entorno. Y es que el individuo nunca siente que posee toda la información necesaria o que ha tenido en cuenta todas las perspectivas.

Así, el análisis parece no tener fin y nunca resulta satisfactorio. Por ejemplo: comprarse un coche implica no adquirir los demás; y entre ellos puede que se encuentre uno más rápido, más seguro o con mejor precio que el que elegiste.

Estilos de crianza inadecuados

Generalmente bajo estos miedos, inseguridades e indecisiones se encuentra un estilo de crianza inadecuado durante la infancia. La autonomía, la confianza en uno mismo y la responsabilidad son aspectos que comienzan a trabajarse en el hogar, desde los primeros años de vida. A medida que los infantes van tomando decisiones y aprendiendo de ellas, les resulta cada vez más natural. Así, al llegar a la edad adulta son capaces de escoger sin mayor problema.

Sin embargo, en ocasiones este proceso no se lleva a cabo adecuadamente. Si los progenitores son excesivamente sobreprotectores impiden que el niño vaya decidiendo y experimentando las consecuencias. Por lo mismo tendrá que enfrentarse a decisiones adultas sin haber practicado con otras de menor envergadura durante su crecimiento. Por otro lado, los padres muy autoritarios tienden a recriminar en exceso los errores a sus hijos, creándoles una carga de culpa y de ansiedad que puede paralizarles a la hora de decidir.

¿Qué hacer cuando cuesta tanto tomar decisiones?

Quienes sufren altos niveles de indecisión pueden encontrar serias dificultades en su día a día. Generalmente son personas que actúan de manera sumisa y dependiente y siempre precisan de la compañía de otros para decidir. Eso genera angustia, inseguridad y baja autoestima además de impedirles desarrollarse como adultos autónomos.

Por ende, en estos casos se hace necesario comenzar a trabajar con las creencias, aceptar los errores como parte natural del proceso y aprender a relativizar. Pero, ante todo, será imprescindible practicar, comenzar a tomar decisiones e ir fortaleciendo la seguridad y la autoconfianza. La orientación profesional puede ser de gran ayuda cuando el proceso parece demasiado complejo para abordarlo a solas.

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz

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