¿Sabes dejarte querer?

Son muchas las personas que no saben dejarse querer, que oponen una resistencia, con frecuencia no consciente, que les impide disfrutar de cualquier gesto de cariño con el que el entorno las obsequie. ¿Sientes que te pasa a ti?

Aunque en realidad es mucho más gratificante amar que ser amado, lo cierto es que la mayoría de las personas sueñan con que alguien las quiera. Por eso, la pregunta sobre si sabes dejarte querer puede resultar un poco extraña. Acaso, ¿hay que saber algo al respecto? ¿No se trata solo de recibir el afecto que otro quiera darte?

En el mundo de lo humano nada es simple, ni siquiera esto de recibir afecto. Es posible que tú seas una de esas personas para las que el amor siempre implica miedos y conflictos. Igual deseas que te quieran, pero no sabes dejarte querer. Por eso las relaciones no te funcionan, pero no sabes exactamente por qué.

Si sabes dejarte querer el afecto fluye en una interacción de doble vía que adquiere dinámica propia y te hace sentir estupendo. De lo contrario, es posible que el amor se convierta en un terreno en el que pisas con cuidado, como si fuera peligroso. Sin proponértelo, te encargas de que los demás desistan de quererte. Y luego sufres. ¿Qué sucede ahí?

“Querer, es tener el valor de exponerse a un inconveniente; exponerse así es tentar al acaso y es jugar”.

-Stendhal-



¿Sabes dejarte querer?

Cuando sabes dejarte querer, ni siquiera te planteas la pregunta. Cuando llega el amor abres los brazos y lo recibes como una visita deseada. Si no sabes dejarte querer, la presencia del afecto en otra persona te incomoda, casi te irrita algunas veces. Surge una incomodidad con la que no sabes qué hacer.

Otras señales de que no sabes dejarte querer son las siguientes:

  • Las expresiones de afecto te desconciertan. Es como si no supieras qué hacer con ellas.
  • Cuando ronda el amor, simultáneamente aparece el miedo.
  • Experimentas una sensación de amenaza cuando alguien se interesa en ti.
  • A veces, respondes con agresividad a las palabras o los gestos afectuosos de otros.
  • Es posible que ridiculices el amor y las expresiones de afecto.
  • En ocasiones, sientes rechazo por alguien que manifieste un interés evidente hacia ti.
  • No logras identificar si alguien te interesa, o si sientes fastidio por esa persona. Hay ambigüedad.
  • Sientes que el afecto de otra persona te puede llevar a verte débil o vulnerable.
  • Te resulta incomprensible y sospechoso el afecto que una persona ajena a tu familia pueda sentir por ti.

¿Qué hay detrás de no dejarte querer?

Tal vez sí sea necesario aprender algo sobre asuntos que en principio parecen obvios, como recibir amor. Para algunas personas es muy difícil dejarse querer, pero son pocas las ocasiones en las que se dan cuenta de ello. Si les preguntas, te dicen que quieren ser amadas, pero si observas su conducta, detectas que ellos mismos se encargan de alejar a quienes les quieren o desean quererlos.

¿Por qué sucede esto? Con frecuencia, detrás de este tipo de conductas haya un duelo que no se ha superado. A veces, tiene que ver con una relación de pareja del pasado, que causó un gran sufrimiento y que llevó a la convicción de que el amor es una experiencia desbordante, frente a la cual existe gran vulnerabilidad.

En otros casos, la situación tiene que ver con una experiencia infantil traumática. Quienes han sido víctimas de abuso sexual a veces terminan temiéndole al sexo y al afecto. Por eso, asumen el acercamiento afectivo como una amenaza. Algo similar ocurre con las personas que fueron víctimas de abandono o deprivación afectiva en sus primeros años.

¿Cómo cambiar la situación?

Darte cuenta de que esto sucede, de que no sabes dejarte querer, ya es un gran paso adelante. Este tipo de conductas suelen ser inconscientes y por eso se asumen muchas veces como un rasgo de carácter y no como lo que son: un problema a resolver.

De hecho, algunas personas alimentan ese rechazo al afecto de otros justificándolo con ideas falsas, como que tienen otras prioridades o que las historias de amor siempre terminan mal. Llegan incluso a presumir de su aparente dureza e insensibilidad, aunque en el fondo, y muchas veces sin darse cuenta, añoran el amor que no obtienen.

Lo más común es que en estos casos haya también un amor propio disminuido o lesionado. Por lo mismo, el afecto de otros causa una sensación de extrañeza. Si alguien no se quiere a sí mismo, es difícil que sienta que merece el amor de los demás.

Este tipo de condiciones suelen requerir de ayuda psicológica; no porque haya un trastorno grave, sino porque hay aspectos profundos y ocultos difíciles de gestionar por uno mismo. Vale la pena, porque negarse al amor es despojar a la vida de buena parte de su magia.

Edith Sánchez

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