Siento que la gente me rechaza: ¿por qué?

Todos deseamos ser aceptados en cierta medida. Pero cuando nos sentimos rechazados con frecuencia es probable que exista una herida por sanar.

Es imposible caerle bien a todo el mundo. La mayor parte de las personas son conscientes de que hay individuos que les aprecian y otros, por el contrario, con los que no hay afinidad. Y esto no les supone un mayor problema, pues comprenden que es algo natural. Sin embargo, cuando siento que la gente me rechaza, puedo experimentar un enorme sufrimiento. Por ello, es importante comprender el origen de este sentimiento para poder sanarlo.

Y es que, en realidad, cuando percibo un rechazo generalizado por parte de mi entorno, lo más probable es que la dificultad esté en mí. No en mi esencia, sino en mi actitud. No se trata de que haya en mi persona algo inherentemente malo o desagradable. Se trata más bien del modo en que interpreto lo que acontece y cómo reacciono a ello. Exploremos el tema en profundidad.

¿Por qué siento que la gente me rechaza?

Herida de rechazo

Lise Bourbeau definió cinco heridas emocionales que se generan durante la infancia y que afectan al modo en que nos percibimos a nosotros mismos y al mundo. Una de ellas, la más profunda, es la herida de rechazo. Esta se origina cuando los padres desprecian al niño, rehúsan estar en su compañía o se muestran críticos y resistentes hacia una parte de su personalidad. O, al menos, cuando el niño así lo percibe.

Quien, durante su infancia, experimentó el rechazo, sufrirá las consecuencias incluso en la edad adulta. Por lo mismo, será especialmente susceptible a cualquier situación que le recuerde aquella que causó su herida. Su umbral para sentirse rechazado es más bajo de lo normal y tiende a enfocarse excesivamente en cualquier reacción crítica por parte de los otros.

Quien cree que no es válido, que los demás le desprecian o no le aceptan suele poner en marcha conductas que den forma a sus temores. Pues, muchas veces, no se trata tanto de las situaciones que vivimos sino del significado que nosotros les damos.



Actitud inadecuada

Por otro lado, es posible que experimentes realmente el rechazo en tu vida cotidiana. Todas las vivencias internas se basan, en parte, en una realidad objetiva. Sin embargo, has de tener presente que los otros no rechazan tu persona, sino tus actitudes. 

Por ejemplo, puede que seas excesivamente exigente o que mantengas expectativas poco ajustadas respecto a ellos. Las personas no pueden complacernos siempre, no actuarán en todo momento como nosotros deseamos. Si nos mostramos dominantes, controladores o manipuladores, los demás no disfrutarán de nuestra compañía.

Del mismo modo, es posible que necesites trabajar tus habilidades sociales y comunicativas. En el caso de quienes padecen fobia social, el propio miedo al rechazo les lleva a comportarse de un modo que termina haciendo realidad sus peores temores. Por su ansiedad, se muestran retraídos, incómodos y poco naturales al interactuar con otros; y, por ende, las respuestas que reciben de los demás no siempre son las más satisfactorias.

Eres tú quien se rechaza

La ley del espejo es una estrategia sumamente útil para comprender y resolver lo que nos ocurre en numerosas situaciones. En este caso, si siento que la gente me rechaza, es probable que la primera persona en hacerlo sea yo mismo. Si yo no me siento valioso, me mostraré inseguro y necesitado de la aceptación externa, cualquier signo de desprecio me afectará profundamente.

Por el contrario, cuando me apruebo incondicionalmente, no siento la necesidad de complacer a los demás. Acepto que no puedo agradar a todo el mundo y me enfoco en desarrollar vínculos con aquellos con quienes siento afinidad. Esta seguridad interior se refleja y me hace parecer más atractivo y carismático a ojos de los demás. Por lo que, a su vez, recibiré reacciones más positivas del exterior.

Si siento que la gente me rechaza, empiezo por aceptarme

En definitiva, si te ves reflejado en lo anterior, si te sientes rechazado con frecuencia, debes comprender que la clave está en ti. Comienza por sanar tu herida emocional para que deje de repetirse, para que dejes de encontrarla reflejada en tu presente.

Empieza por aceptarte incondicionalmente, encuentra en ti la aprobación que buscas y necesitas de los demás. A medida que realices este trabajo, tu actitud se modificará de forma significativa, y también lo harán tus relaciones. Cuando tú cambias, todo cambia.

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz

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