Síntomas: lo que no pudiste decir

Los síntomas nos hablan de conflictos no resueltos y de necesidades no cubiertas. ¿Quieres saber más sobre cómo mejorar esta relación con tu cuerpo?

El síntoma, desde concepciones más humanistas, es el mensajero del malestar. Tendría la función de hacer que nuestros conflictos más inconscientes salgan a la luz para poder verbalizarlos. Ahora, ¿cuáles son estos tipos de síntomas y cómo se relacionan con nuestro cuerpo?

En este texto, te acercamos a un concepto de salud mental y física más integrador, que trata de ver la parte más holística del síntoma. Además, te hacemos una introducción sobre cómo leer estas señales corporales de forma más cotidiana y poder conocernos mejor, ¿estás preparado para escuchar lo que tu cuerpo tiene que decir?

El concepto de síntoma como conflicto no resuelto

Comprender el síntoma es una de las prioridades de las terapias de corriente humanista o psicoanalista. Desde este marco teórico, se entiende al síntoma como una alteración del organismo que subyace a un malestar.

El síntoma es el indicador de un conflicto subyacente, a veces muy sutil y otras veces tremendamente ruidoso. El nerviosismo, el insomnio o los pequeños rituales pueden ser los testigos de un conflicto interno. De alguna forma, tratan de comunicarse con nuestra mente consciente para avisar de que algo, que requiere nuestra atención, está sucediendo.

Al contrario de otras corrientes conductuales que se basaban en el alivio del síntoma a través de diferentes técnicas de forma directa, este tipo de orientaciones indagan en las raíces de los mismos. Se entiende el síntoma como algo secundario, como la parte visible de un conflicto sumergido y el punto de partida para poder investigar en las profundidades de las heridas de la infancia y las relaciones.



El inconsciente en los síntomas

La corriente psicodinámica fue la primera en forjar conceptos como el inconsciente y situarlo en un primer plano en la psicoterapia, dejando al síntoma como un indicador de malestar. Siguiendo la metáfora de Sigmund Freud del iceberg, el síntoma constituye la parte visible del conflicto, mientras que la base y la mayor parte de la herida emocional se encuentra sumergida en nuestro inconsciente.

Un paciente puede acudir a terapia con un síntoma, como ansiedad, insomnio o dolencias por el cuerpo. En este proceso de terapia, se guía al paciente a descubrir cuál es el mensaje que lleva implícito ese síntoma. Es decir, indagar qué nos quiere decir nuestro cuerpo con este malestar. Así, se postula que precisamente la aparición de síntomas como la ansiedad se debe a la falta de escucha interna del paciente hacia sus necesidades. Cuanto más tiempo se prolonga en el tiempo esta “no escucha”, más crónico y ruidoso se produciría el síntoma en sí mismo.

Síntomas y sensaciones corporales

Algunas corrientes de la psicoterapia conectan directamente los conflictos con el cuerpo. Por ejemplo, sentimos angustia y es habitual tener una sensación de tener un nudo en la garganta. O, en el caso de los niños, por ejemplo, es muy habitual somatizar la tristeza y la ansiedad en dolores de estómago o jaquecas.

La diferencia entre mente y cuerpo no está clara y, a nivel teórico, muchas veces puede limitar la comprensión global de la salud mental y general. Desde la psicología humanista y biodinámica, se plantea el impacto que tienen ciertos eventos en el cuerpo, sobre todo cuando son sostenidos en el tiempo. Repasamos algunas somatizaciones que muchas veces aparecen en terapia.

  • La rigidez muscular. Esta aparece, por ejemplo, cuando nos asustamos o tenemos miedo; es un mecanismo natural del cuerpo. Este evento alargado en el tiempo, además de provocar un estado continuo de ansiedad, también cambiaría nuestra postura corporal, creando por ejemplo una contractura o problema muscular.
  • Mareos, inestabilidad y parestesias. Son algunos de los síntomas más habituales producidos en los ataques de pánico. El miedo atroz y la sensación de peligro inminente repetida en el tiempo puede provocarnos sensaciones de caernos e, incluso, desmayos.
  • Problemas gastrointestinales. Es una somatización habitual de las personas que tienen dificultad para expresar sus emociones o poder ir catalizando de forma positiva poco a poco la angustia. El estrés es una de las causas más habituales de problemas gástricos, como la acidez del estómago o las úlceras.

Las palabras que no se dicen, gritan en el cuerpo

Los síntomas son la parte más llamativa de un conflicto más silencioso, según las corrientes humanistas y dinámicas. Los síntomas son algo así como los gritos de nuestro cuerpo, que no ha encontrado otra forma efectiva de ser escuchados.

Esta concepción del síntoma entra en sintonía con una visión más global de la mente y el cuerpo, de salud más en sentido global. Así, nuestras emociones influyen directamente en nuestras posturas corporales, respiración o formas de digerir los alimentos. Una situación prolongada de estrés puede llevar a nuestro cuerpo a enfermar.

Todo aquello que no pudimos expresar o no pudo ser entendido e integrado afecta a todo el funcionamiento de nuestro cuerpo y mente. El síntoma es la forma de nuestro cuerpo de pedirnos ser escuchado y que obremos según sus necesidades. El síntoma, aunque duela y deseemos que desaparezca por todos los medios, viene a traernos un mensaje ¿Lo escuchamos?

Angela C. Tobias.

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