Ese artista que escuchas en Spotify no existe: así funciona el oscuro entramado detrás del negocio de las ‘playlists’ de la plataforma

Probablemente, en alguna tarde de otoño te hayas cruzado con la guitarra de Dieter Huber en Spotify y ni siquiera lo sepas. En el caso de que su nombre te suene y su música te guste, lamentablemente te vas a tener que contentar con escuchar sus canciones únicamente en streaming.

Quién es este músico es toda una incógnita. En su perfil de Spotify tiene más de 125.000 oyentes mensuales y solo 7 canciones. Algunas de ellas suman 3,7 millones de reproducciones, otras, en cambio, apenas tienen 2.000.

Sin embargo, Huber no tiene ni biografía, ni foto, ni redes sociales, y ni siquiera se puede seguir su rastro en Google.

En todas las plataformas de música en streaming este misterioso artista tiene las mismas 7 canciones con los mismos paisajes otoñales de portada. Eso sí, aparece en las listas de reproducción Guitarra Tranquila (104.000 de me gusta) y Peaceful Guitar (casi 2 millones de me gusta), ambas creadas por la propia Spotify.

¿Quién es entonces Dieter Huber?

Es toda una incógnita, pero Spotify está llena de artistas misteriosos como Huber.

La plataforma de streaming es un nido de miles de perfiles que han sido creados con el único fin de colarse en las listas de reproducción de la plataforma de música, sumar millones de reproducciones y, así, ganar dinero.

En esta playlist hay 100 canciones casi idénticas que apenas duran 45 segundos (el mínimo que la plataforma exige para contabilizar una reproducción son 30 segundos) y cada una suma cientos de miles reproducciones.

Los artistas tienen nombres normales y corrientes como Danni Richardson, Kit Wood o Bailey Barnes. Sin embargo, ninguno tiene biografía ni información sobre su carrera musical en Spotify. Tampoco redes sociales o algún tipo de rastro en internet. ¿Quiénes son todos estos supuestos creadores? 

«Son artistas creados artificialmente como perfiles paralelos por artistas reales para publicar canciones que solo tienen como objetivo conseguir el mayor número de reproducciones posible, normalmente de una manera ilícita», comenta a Business Insider España Javier Lorbada, quien fuera director del emblemático canal Sol Música durante casi 2 décadas y que actualmente se dedica a la comunicación musical digital como freelance para artistas y discográficas.

«Estos perfiles de los llamados artistas fantasma suelen estar creados por músicos y productores versátiles, hiperproductivos, a los que no les cuesta ni mucho tiempo ni dinero el poder grabar el mayor número de canciones posibles de los estilos más diferentes. Aliados con bots y otras triquiñuelas digitales, consiguen un montón de reproducciones para incrementar sus ingresos de una manera claramente fraudulenta», añade.

Los artistas fantasma vienen de lejos

Este problema no es nuevo: desde 2013 asoma en páginas de prensa especializada y generalista de todo el mundo con reportajes que tratan de indagar sobre quién está detrás de estos perfiles fantasma.

La propia Spotify se ha visto salpicada por las sospechas, y se ha llegado a acusar a la plataforma de estar detrás de estos artistas fantasma para generar música con la que rellenar sus propias listas de reproducción de todo tipo de música, los estilos ambient y LoFi predominan, que luego suena en centros comerciales, cafeterías u otros establecimientos, y no tener que pagar royalties a un tercero.

De esta manera, todo el beneficio quedaría en casa. Solo es una teoría que circula por foros y blogs, pero el propio Lorbada descarta la idea de que sea la propia plataforma quien haya orquestado este entramado. «Es algo absurdo pensar que Spotify pudiera estar detrás de estas prácticas. No hay más que ver lo que pagan para darse cuenta de que no parece que eso pudiera ser un gran negocio…», comenta.

«Lo que no hay que confundir son estas prácticas con lo que están haciendo Spotify, y también otras plataformas digitales, que han llegado a acuerdos privados con determinadas empresas musicales, al margen de las distribuidoras digitales habituales, para que les ofrezcan nuevas canciones compuestas y grabadas por artistas, músicos y productores, que puedan funcionar y encajar en determinadas playlists«.

Según este experto, detrás de muchas de esas canciones y perfiles fantasma es probable que haya otros productores que prefieren guardar el anonimato y trabajar bajo un pseudónimo.

«Puede haber algún artista consolidado que no quiera que esos temas aparezcan y manchen sus perfiles profesionales en Spotify, y para eso es posible que se invente otro nombre y otro perfil para publicar este tipo de obras menores, pero no es lo habitual, ya que estos temas por encargo suelen tener también muchas reproducciones, gracias a esas playlists, y por tanto el perfil oficial de Spotify del artista gana en oyentes, reproducciones y seguidores», señala Lorbada.

La plataforma siempre ha negado cualquier acusación acerca de los artistas fantasma. Pero el negocio de las listas de reproducción es muy jugoso y tanto los artistas fantasma como las granjas de bots que hinchan las métricas de las canciones son un secreto a voces en la industria musical.

De hecho, las granjas de bots y las escuchas falsas se pueden conseguir fácilmente en internet. Por 40 euros puedes tener 5.000 oyentes mensuales, y por otros módicos 190 euros, hasta 30.000 oyentes, en páginas como esta.

«Afortunadamente, los controles de seguridad de Spotify son muy estrictos y en cuanto detectan cualquier alteración con las reproducciones, las elimina, e incluso, bloquea o borra cuentas y perfiles. Esto también pasa con las playlists de los usuarios de Spotify, en las que está prohibido cobrar por incluir canciones», comenta Lorbada.

Además, este experto asegura que aunque las listas de reproducción son importantes para el éxito de la carrera musical de un artista, no garantizan nada, ya que debe ir acompañada con una promoción en diferentes soportes.

Spotify tiene una serie de playlists editoriales, que ella misma se encarga de crear y tiene un equipo de curadores, personas especializadas en la industria musical y sus tendencias que diseñan y confeccionan esas playlists, y a los que se puede pitchear (presentar una canción en el argot del sector) para que la introduzcan en una de esas playlists.

«Estar dentro de una playlist editorial importante de Spotify es una de las mejores ventanas posibles para poder llegar al gran público de cara a poder tener una posible carrera de éxito. Ahora, está claro que es algo a lo que no todos pueden optar: como decía Celia Cruz, no hay cama pa tanta gente, señala el experto.

La estafa del millón de dólares gracias a una ‘playlist’

Las listas de reproducción son un una máquina de hacer dinero dentro de Spotify. Cualquier artista, sin importar su tamaño, sabe lo importante que es para su carrera figurar en ellas. Colar una canción en una lista de reproducción de la plataforma, sobre todo las que tienen más oyentes, catapulta las reproducciones de un tema.

Pero también hay maneras de hacer trampas dentro de Spotify, y ganar grandes cantidades de dinero gracias a las playlists, sin ni siquiera hacer sonar un instrumento.

A finales de 2017, una entidad búlgara desconocida consiguió ganar en unos pocos meses un millón de dólares gracias a Spotify de manera un tanto irregular, sin saltarse una sola ley y todo gracias a las listas de reproducción y los derechos de autor de la plataforma.

Los artífices de la supuesta estafa subieron 2 listas de reproducción llamadas Soulful Music y Music From The Heart respectivamente, con 500 canciones con apenas 1.200 oyentes cada una. En pocas semanas, ambas playlists crecieron como la espuma y se colaron entre las más escuchadas de Estados Unidos.

La mayoría de las canciones tan solo duraban 30 segundos y pertenecían a artistas desconocidos, que no tenían foto, ni biografía, ni ningún detalle acerca de sus carreras musicales, ni siquiera en Google.

Ambas estuvieron sonando durante semanas ininterrumpidamente en un bucle continuo antes de que saltaran todas las alarmas. En conjunto, se estima que ambas listas de reproducción habían recaudado mínimo un 1 millón de dólares, sumando como hormiguitas los 0,004 dólares que Spotify paga de media cada vez que una canción es reproducida, Javier Lorbada asegura que según su experiencia esa cantidad está más cerca de los 0,002 dólares por reproducción, gracias a que las playlists de 500 canciones de 30 segundos habían estado sonando las 24 horas del día durante mínimo un mes.

La teoría detrás de este lucrativo negocio, según Music Business World, un medio especializado en la industria musical que destapó la estafa, es que esta entidad búlgara había comprado 1.200 cuentas premium de Spotify, pagando los correspondientes 9,99 dólares del servicio, y había hecho sonar las canciones hasta el infinito.

Sin embargo, esto es solo una teoría.

La otra teoría es que Soulful Music y Music From The Heart, con sus canciones cortas y sus artistas fantasma, tenían toda una legión de fervientes fans que no podían despegarse de sus auriculares en todo momento.

Sea cual fuere el modus operandi, nada fue ilegal.

Spotify borró entonces la mayoría de las canciones de ambas listas y declaró en un comunicado que seguía invirtiendo en la mejora de sus métodos de detección y eliminación de estas “actividades inaceptables”.

Business Insider España se ha puesto en contacto con Spotify para la elaboración de este reportaje en busca de respuestas acerca de los artistas fantasma y los ejemplos que hemos utilizado en esta historia, desde la playlist llena de canciones con canciones idénticas de 45 segundos, al misterioso  Dieter Huber, además de conocer cuáles son sus controles para poner freno tanto los bots como las cuentas falsas que innundan la plataforma.

Esta es la respuesta íntegra de Spotify.

«En Spotify no dictamos la forma en que un artista decide presentar su trabajo, ni tampoco si decide publicar sus canciones con su nombre real o bajo un seudónimo. Los artistas y compositores que están detrás de estas canciones y perfiles toman esa decisión. Tampoco juzgamos la música que los oyentes deciden escuchar. Las decisiones de programación de nuestros editores de listas de reproducción se centran en qué música resuena positivamente con sus oyentes, y constantemente hacen ajustes basados en sus respuestas».

«Obviamente, existe una demanda de música especialmente creada para adaptarse a determinadas ocasiones o actividades. Esta música, al igual que el resto de la música de Spotify, está autorizada por los titulares de los derechos y les pagamos una cuota de licencia por su música».

Más allá de esta escueta respuesta por parte de la compañía, el problema continúa y dentro de Spotify son muy conscientes el prejuicio que les supone. 

Su último informe anual, de diciembre de 2021, reconoce que se han visto afectados por los intentos de terceros de manipular artificialmente el recuento de streams (escuchas). Para luchar contra ello, cuentan con un sistema de algoritmos combinado con la revisión manual por parte de sus empleados para detectar esas prácticas artificiales, como los bots, y eliminarlas.

Es difícil saber quién está detrás de Dieter Huber, pero mientras tanto este artista fantasma ahí sigue, sonando en las salas de espera de todo el mundo.

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