Por qué la industria del videojuego ahora mismo está en peligro

Aunque habitualmente no juegues a videojuegos, probablemente sepas que este medio artístico se ha transformado en un gran negocio. Y, si prestas atención a los medios de comunicación, también sabrás que, según algunas estadísticas, el sector del videojuego deja en mantillas a Hollywood en lo referente a los ingresos.

Pero, a menos que conozcas esta industria al detalle, puede que no sepas que el videojuego ha atravesado una mala racha en los dos últimos años: han bajado las ventas, el tiempo de uso ha decrecido y han aparecido los despidos masivos. Además, no parece que la situación vaya a mejorar a corto plazo.

Este es el panorama que describe el experto inversor y analista Matthew Ball, en una publicación de 16.000 palabras en la que aborda la situación del sector. Si quieres que te haga un resumen, aquí puedes ver cuáles son las principales conclusiones.

Primero, los síntomas:

Las ventas están cayendo: las ventas de juegos se dispararon durante la pandemia, pero, desde entonces (y tras la llegada de la inflación), los ingresos por título han ido cayendo. En 2023, la facturación del videojuego en Estados Unidos cayó un 2,3% con respecto al año anterior.

El tiempo de uso de los juegos también ha bajado: en 2021, los jugadores habituales pasaban una media 16 horas y media a la semana jugando. Un año después, esa cifra se redujo hasta las 13 horas.

Mientras tanto, la proporción de la población que juega también se ha reducido.

Lo que nos lleva a los despidos: la industria del videojuego recortó 8.500 puestos de trabajo en 2022 y batió un récord con el despido de 10.500 empleados en el 2023, según Ball. Ese récord podría superarse fácilmente en 2024, año en el que ya se han producido miles de despidos (solo en el mes de enero).

Todo esto es un poco contraintuitivo. Si eres relativamente joven —o tienes hijos, sobrinos o nietos— sabrás que los juegos y la cultura del videojuego son algo muy importante, aunque no entiendas lo que hacen o de lo que hablan sus jugadores.

E incluso si los adultos que te rodean no se identifican como jugadores, es muy probable que al menos alguno de ellos saque su teléfono y juegue a algún título del estilo de Candy Crush Saga cuando esté aburrido.

¿A qué se debe entonces esta contracción? Ball tiene un par de ideas.

Se trata de un bache pospandémico: este es el argumento que resulta más fácil de entender y, en cierto modo, el más esperanzador que puede plantear el sector. Los juegos, al igual que muchas otras actividades online, sobre todo el comercio electrónico, experimentaron un fuerte repunte en los primeros días de la pandemia y ahora están volviendo a un ritmo más normal.

Apple revolucionó el sector de la publicidad y, con él, el de los videojuegos para móviles. En 2021, el fabricante del iPhone introdujo nuevas normas para sus teléfonos móviles que dificultaban enormemente a los desarrolladores de aplicaciones el seguimiento del comportamiento de los usuarios cuando se movían por la web.

Ese cambio ha tenido un enorme impacto en el negocio de la publicidad móvil: basta con preguntar a Meta (la matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp), que en 2022 aseguró haber perdido 10.000 millones de dólares por culpa de este cambio.

Y eso también afecta al negocio de los juegos móviles, ya que los desarrolladores utilizan los anuncios para distribuir sus aplicaciones y anunciarse a los jugadores una vez que estos las han descargado. Ahora, los anuncios de los videojuegos para móviles son más caros y menos precisos, lo que dificulta encontrar nuevos clientes y ganar dinero con los que ya tienen.

Los juegos son cada vez más caros, lo que dificulta el camino a los nuevos proyectos. Nos hemos acostumbrado a la idea de que, en un mundo digital, los costes disminuyen a medida que mejora la tecnología. Pero Ball sostiene que, a medida que los videojuegos se hacen más complejos y sofisticados, los costes se disparan.

El experto inversor pone el ejemplo de Marvel’s Spiderman, el título exclusivo de PlayStation que fue lanzado en 2018 y cuyo desarrollo costó unos 100 millones de dólares. La secuela spin-off de este título publicada en 2020 costó 156 millones. La entrega más reciente de esta saga, que fue lanzada el año pasado, costó 315 millones, y la siguiente tiene un presupuesto de 385 millones.

Mientras tanto, el coste de crear juegos «en tiempo real», como Fortnite, que requieren enormes plantillas para su desarrollo y mantenimiento, es tan prohibitivo que muchos desarrolladores abandonan los títulos que han creado o directamente deciden no desarrollarlos.

Todo esto se traduce en que un puñado de videojuegos de gran presupuesto y secuelas dominan los rankings de ventas año tras año, y es increíblemente difícil para los nuevos participantes abrirse camino. De ese modo, la lista de los juegos más vendidos en 2023 se parece mucho a la del año anterior y a la del anterior.

Según el análisis de Ball: «El anquilosamiento de los videojuegos crea un círculo vicioso: los estudios no asumen riesgos (o a veces son castigados por ello), lo que significa menos innovación… y menos probabilidades de ampliar el mercado atrayendo a nuevos jugadores o aumentando la participación de los ocasionales».

¿Te resulta familiar? A mí sí: se parece mucho a la crítica que la mayoría de la gente le hace a Hollywood, que está atravesando su propio periodo de agitación y consolidación, y que, a menudo, señala a la industria del videojuego como su referencia a futuro.

Quizá las grandes productoras necesiten buscarse una idea mejor.

Ramón Armero

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